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  • El grave déficit de psiquiatras en España

    Cada día surgen noticias preocupantes en toda España respecto a la falta de profesionales sanitarios en general, y de médicos en particular. Empiezan a aparecer informaciones en las que se describe cómo las consejerías de sanidad de las diferentes comunidades autónomas compiten entre ellas por contratar a los profesionales. En Atención Primaria la situación es tan grave que en la Comunidad de Madrid se ha creado un protocolo que define cómo tienen que actuar los equipos de atención primaria cuando no haya ningún médico presente (por vacaciones, enfermedad, etc). En el caso de la Psiquiatría, la situación también es muy complicada. Hace un año la Sociedad Española de Psiquiatría Legal analizó el problema en un informe en su web, y se reflejaba un panorama bastante preocupante. El 20% de los psiquiatras en 2018 tenían más de sesenta años, y ahora viene un aluvión de jubilaciones. Los egresados del MIR no van a compensar el gran número de vacantes que se van a producir. Y la situación se agravará cuando estemos un año sin egresados MIR, por el paso del periodo MIR de cuatro a cinco años. El propio Ministerio de Sanidad reconoce en un informe que en Psiquiatría hay un déficit de profesionales superior al 10%. Es decir, al menos una de cada diez plazas de psiquiatra está sin cubrir. Cualquiera puede revisar las ofertas de trabajo para psiquiatras que hay en los portales de empleo (Linkedin, Infojobs, Sociedad Española de Psiquiatría, Indeed, o en Google. Y las plazas disponibles son muchas más, ya que sigue habiendo un extraño pudor en las gerencias de los hospitales públicos a anunciar sus ofertas de empleo en portales privados. Todavía no existe un sistema centralizado donde se puedan consultar todas las ofertas de empleo público. En algunas comunidades ya están adoptando incentivos para retener a sus profesionales. Por ejemplo, Castilla - La Mancha anuncia que a todos los MIR que terminan la especialidad les van a ofrecer un contrato de cuatro años. Es de esperar que otras comunidades entren en esta misma dinámica de competencia por contratar profesionales, si no lo han hecho ya. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? En un interesante reportaje de Marzo de 2021 se entrevista a varios médicos españoles que han emigrado. Y en todos ellos encontramos el mismo relato. En el Norte de Europa se ofrecen mejores condiciones económicas y calidad de vida, mientras que en España hay una contínua precariedad laboral en la que muchos médicos pueden estar durante más de 20 años. Posiblemente, ha habido un antes y un después de la Gran Recesión de 2008. En estos años hubo un grave déficit que obligó a los gobiernos a hacer recortes en salarios, y los contratos laborales se volvieron cada vez más precarios. Muchos médicos trabajaban con contratos de guardias (un contrato de 18 horas de trabajo, que empieza a las tres de la tarde y termina a las nueve de la mañana del día siguiente). Otros tenían contratos temporales que se renovaban mes a mes, o cada tres meses. Y luego estaban los que vivían con becas de investigación con sueldos miserables. Los médicos jóvenes estaban en una situación “suplicante” de trabajo, se cogía lo que fuera, y donde fuera. Los gerentes de los hospitales tenían donde elegir. Esto hizo que miles de médicos españoles emigraran a países que les podían ofrecer sueldos dignos y estabilidad laboral con la que poder desarrollar un proyecto de vida (familia, hijos, hipoteca, etc). Las bolsas de empleo se fueron vaciando, y llegó un momento en que ya no se encontraba gente a quien contratar. Y los pocos que había se podían permitir el lujo de elegir entre varias opciones. Esto ha provocado que aumente la movilidad laboral, en una búsqueda constante de un mejor puesto. Ahora es frecuente que en un centro de salud mental un mismo paciente en dos años haya sido visto por tres, cuatro, o cinco psiquiatras. Esto nunca había ocurrido. Hay comunidades como Castilla León, Castilla La Mancha, Extremadura o Andalucía, con extensas zonas rurales, que están teniendo dificultades en conseguir que sus egresados MIR se queden en la comunidad. La mayoría busca mejores oportunidades, y vivir y trabajar en una gran ciudad. Esto provoca que las comunidades no se sientan incentivadas a sacar más plazas MIR ¿para qué, si luego se van? Hay otro factor que ha cambiado. Los médicos especialistas jóvenes están ahora dispuestos a moverse mucho más que antes, dentro de España y de Europa. Tienen una gran formación, hablan idiomas, y se mueven por el mundo con soltura. Mientras en España hay comunidades como Baleares que ponderan exageradamente hablar catalán, por encima de otros méritos. Otras comunidades con gobiernos nacionalistas (País Vasco) han apartado el requisito del idioma, y han hecho contrataciones masivas de enfermeras en Castilla León. Ahora sabemos que no hablar euskera ya no es un problema en el País Vasco para trabajar como sanitario. En los grandes hospitales públicos de Madrid alrededor del 50% de los médicos son interinos. Es decir, no saben si continuarán trabajando en su hospital, o no, cuando se resuelvan los concursos que se han convocado en masa recientemente. Y mucha gente lleva así más de 20 años. Es impresentable que muchos compañeros estén en esta situación. Si no hay psiquiatras suficientes ¿qué hacer? En España hay un acceso a la especialización que es justo, mediante una prueba objetiva. Esto hace que algunos médicos europeos intenten acceder en igualdad de condiciones con los médicos españoles, aunque no son muchos. En un interesante informe del Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada encontramos datos que reflejan el gran interés que tienen los médicos de Sudamérica en acceder al sistema MIR español. Analizando los datos de la convocatoria MIR 2021-22, encontramos que del total de 13.059 solicitudes admitidas, 9.667 (el 67,02%) procedían de España, le siguen los países de América con 2.671 solicitudes (el 18,52), a continuación, los aspirantes admitidos del resto de la CEE con 487 (el 3,38%), le sigue el resto de Europa con 94 (el 0,65%), Asia con 79 (el 0,55%), África con 38 (el 0,26%) y el resto con 23 admitidos (el 0,16%). Es decir, el 18,5% de los aspirantes al MIR proceden de Sudamérica. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad tiene un sistema de cupo por el que el número de aspirantes de países de la UE que no tienen permiso de trabajo que pueden acceder es limitado. En la última convocatoria fue de 327 (4% de las plazas ofertadas). El cupo se agotó en el número de orden 6.246. De cualquier forma, sea un médico español o extranjero quien ocupe una plaza MIR, al final lo que importa es el número de plazas disponibles, y las condiciones en que se encuentra el egresado del MIR al terminar, que hagan que le resulte atractivo quedarse a trabajar en España. En el sector público la ley de la oferta y la demanda puede funcionar hasta cierto punto. Los sueldos del personal estatutario están regulados legalmente, y los gerentes, y consejeros de sanidad, tampoco pueden añadir muchos incentivos económicos. Además en un entorno económico adverso como el actual no hay muchas posibilidades de subir los sueldos a los empleados públicos. Aunque hay otras soluciones que podrían adoptar los gobiernos. En Estados Unidos, desde hace décadas hay zonas rurales en las que los médicos no quieren trabajar. Para cubrir estos puestos han creado visados de trabajo para los “foreign medical graduates” que quieren quedarse a trabajar en el país al terminar la residencia. En estos visados el permiso de trabajo está condicionado a que trabajen un determinado número de años en estas zonas de difícil cobertura. No sería raro que en España se termine aplicando un modelo similar. Hacia un sistema dual (especialistas vía MIR y homologados no MIR) Otra posibilidad es que las comisiones de las especialidades médicas empiecen a “aflojar la mano” en los requisitos para reconocer los títulos otorgados fuera de la Unión Europea. En la prensa médica ya aparecen “globos sonda” tanteando el terreno. Hace diez días salió la noticia en la que la Dirección General de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad había decidido acelerar el proceso de tramitación de homologaciones en cinco especialidades con un grave déficit de profesionales: Familia, Anestesiología, Psiquiatría, Radiodiagnóstico y Medicina del Trabajo. Esta es la salida más probable que adopte el Ministerio ante la falta de interés de las consejerías de sanidad autonómicas en aumentar las plazas MIR. Según la memoria de impacto normativo de Psiquiatría infantil formar a un MIR en en Psiquiatría cuesta más de 300.000 Euros. ¿Para qué gastar ese dinero si nos lo ahorramos homologando títulos? Por ello, el escenario más probable en los próximos 5-10 años es que vayamos a un sistema dual en el que habrá un colectivo de psiquiatras (idem en otras especialidades) formados vía MIR, y otro de aquellos que se han formado en un país de fuera de la UE, pero que tienen su título homologado en España (y suponemos que con validez para el resto de la Unión Europea). De cualquier manera, si vuelve la precariedad de hace unos años los profesionales se terminarán marchando a Europa en busca de mejores condiciones. Desde el punto de vista sanitario España es el país que rentabiliza mejor su gasto sanitario. Aunque el porcentaje sobre el PIB es sensiblemente menor que en países de su entorno, los indicadores de salud y la calidad de atención sanitaria son sorprendentemente buenos. Y esto es debido a que los gobiernos autonómicos han sabido explotar a los médicos (y a otros profesionales sanitarios) con sueldos escasos, y encima dando las gracias por darles trabajo. Veremos si volvemos a esta dinámica o no. La sociedad no es consciente del gran esfuerzo que supone tener una especialidad médica: entras en la facultad con una media de sobresaliente alto, seis años estudiando con gran intensidad, cuatro o cinco años del MIR, con cinco guardias al mes y hasta siete en vacaciones. Terminas la especialidad con 28 o 29 años y ¿qué te ofrecen? Antes todo era precario, ahora no. Los residentes y adjuntos jóvenes deberían estar pendientes de lo que está pasando en el Ministerio. Su reivindicación lógica tendría que ser que aumenten plazas MIR. Aunque, como ahora estamos en época de vacas gordas en cuanto a ofertas de trabajo, no parece que les preocupe mucho.

  • La progresiva desaparición del modelo de Centro de Salud Mental

    Hace unos días me comentaban lo que está ocurriendo en las áreas sanitarias de varios grandes hospitales de Madrid. Los profesionales que se están incorporando en los últimos meses van a trabajar con un perfil peculiar. Me explico. Es habitual ahora que una psiquiatra tenga que trabajar unos días en un CSM, y otros días en otro. Incluso se da una situación sorprendente en la que una misma plaza de la plantilla está cubierta por tres profesionales distintos. Por ejemplo, los lunes y martes por la mañana por el profesional A, los miércoles por la tarde por el profesional B, y los jueves y viernes por la mañana por el profesional C. Ni que decir tiene que esto supone un serio problema a la hora de gestionar los equipos, y organizar el siempre complicado problema de las vacaciones, ya que se tienen que coordinar, en este caso, entre dos CSM. A esto se añade la inestabilidad de los profesionales en los puestos, lo que conlleva que los pacientes sufran contínuos cambios de profesionales lo que provoca enfado, falta de alianza terapéutica, y reclamaciones. Lo más sorprendente de todo es que, desde el punto de vista organizativo, no hay una razón clara para que los profesionales se encuentren en esta situación. Si el profesional A está unos días en el CSM A y otros en el CSM B, y el profesional B está, también, unos días en el CSM A, y otros en el CSM B. ¿Por qué no puede estar el profesional A toda su jornada laboral en el CSM A, y el profesional B en el CSM B? Esta práctica surge más de una “nueva moda de gestión” que de un mínimo de racionalidad organizativa. Pero, dejando a un lado esta cuestión, creo que esto lleva a un deterioro, cuando no a una desaparición, del modelo de CSM que viene funcionando desde hace 30 años. He trabajado siete años en un CSM y voy a aportar mi visión sobre lo que entiendo que es el problema actual. A principio de los noventa se estrenaban los CSM en toda España con la llegada de la Ley General de Sanidad y la Reforma Psiquiátrica. Antes el Sistema Nacional de Salud tenía unas consultas de los llamados “psiquiatras de cupo” que solo trabajaban dos horas al día, estaban solos, sin trabajo en equipo ni colaboración con otros profesionales, sus consultas eran muy breves, y apenas tenían historias clínicas escritas, solo unas minúsculas fichas en las que apenas había información. Los CSM fueron un cambio muy importante. Llegaba el modelo comunitario, la accesibilidad, los CSM estaban cerca del ciudadano, y se suponía que el conocimiento del entorno social del profesional ayudaba a entender el problema de salud mental. Otro elemento fundamental del CSM es el trabajo en equipo de diferentes profesionales. Aquí nos encontramos psiquiatras, psicólogos clínicos, trabajadores sociales, y enfermeras. Poco a poco aprendimos a trabajar en equipo, a tener reuniones donde se discutían los casos, y se priorizaban las derivaciones. Está ha sido la dinámica que hemos tenido estas décadas. Al principio los CSM tenían bastante autonomía y eran el elemento definidor de la red de salud mental, restando protagonismo a las unidades de hospitalización. Los barrios y las ciudades pequeñas empezaban a tener atención en salud mental, algo a lo que no estaban acostumbrados. En la Comunidad de Madrid llegó a haber 33 CSM, aunque ahora el número se ha reducido ya que su papel lo han asumido nuevos hospitales (públicos y privados). Los CSM han venido funcionando, mejor o peor, durante tres décadas, y parece que ahora en poco tiempo vienen cambios importantes. Situaciones como las que he descrito a principios de este post reflejan que el trabajo en equipo en el CSM ha dejado de ser un elemento definidor. El profesional que trabaja unos días en un CSM, y otros días en otro, ¿a qué equipo pertenece?. En el día a día de los CSM en la “época dorada” de los CSM los equipos estaban cohesionados, se convivía mucho, la gente socializaba, iban a tomar café juntos, despedían a los residentes con canapés y bebidas al final de su rotación, etc. Pequeños detalles que ayudaban a que la gente se conociera y se establecieran vínculos de colaboración y apoyo mutuo. Ahora todo está cambiando. Los hospitales han vuelto a tomar el control, y el trabajo del CSM ha quedado relegado a un segundo plano. El trabajo en el CSM resulta menos atractivo, y en los profesionales la gran mayoría prefiere trabajar en el hospital antes que en el CSM (esta creo que es la opinión mayoritaria de los profesionales). Esto hace que la rotación de profesionales sea muy alta: la gente tiene otras expectativas. El problema de la rotación de profesionales también ocurre en otros profesionales que no son psiquiatras como las enfermeras y los psicólogos. Aunque en las enfermeras suele haber una clara preferencia para trabajar en los CSM ya que así pueden tener los fines de semana libres. Por otro lado, el CSM se está convirtiendo en el último recurso asistencial. Se están creando innumerables centros de día y unidades especializadas centrados en patología concretas. Pero estos programas específicos suelen tener unos criterios de admisión, muchas veces cuestionables, y rechazan casos de la propia patología para la que están creados. Al final estos pacientes rechazados terminan en el CSM. La accesibilidad y proximidad del CSM a la población que sirve ha sido siempre un criterio esencial, sin embargo ahora ya no parece ser tan importante. Ya no parece que sea tan importante que el paciente tenga que recorrer muchos kilómetros para recibir asistencia. Algunos CSM en poblaciones de mediano o pequeño tamaño han tenido que cerrar ya que no tenían personal interesado en trabajar en esas zonas. La presión de camas en las unidades de hospitalización hace que algunas altas sean algo prematuras, y los CSM están presionados para que los atiendan con carácter preferente, lo que supone una presión adicional. Los programas de prevención del suicidio también están recayendo sobre las espaldas de los profesionales de los CSM, y es una nueva presión, ya que hay una exigencia de que los pacientes dados de alta de las urgencias tras intento de suicidio tienen que ser vistos en pocos días. Se están creando unidades especializadas (TCA, trastornos de personalidad, etc) que tienen unos criterios de admisión que excluyen determinadas comorbilidades. ¿Dónde van estos pacientes rechazados?... ¡al CSM claro! Estas unidades especializadas venden a bombo y platillo su alta eficiencia, cuando un análisis detallado reflejaría que tienen una tasa de rechazo de pacientes excesivamente alta. la comorbilidad es la escusa perfecta en las unidades de TCA o de primeros episodios psicóticos. El trabajo de los profesionales en los CSM se está volviendo cada vez más difícil. El modelo que, con tanta ilusión, se creó en los 90 no lo defiende nadie. Algunos colectivos de psicólogos clínicos reclaman trabajar en atención primaria, es decir, fuera del CSM. Las sociedades científicas de la psiquiatría tampoco son muy proactivas defendiendo a los CSM. El modelo de psiquiatría/ salud mental comunitaria está moribundo. Los gestores de la salud mental organizan la atención ambulatoria de forma similar a la consulta de cualquier otra especialidad. Todo se reduce a agendas, nuevos, revisiones, y la lista de espera. Ahora prima la lista de espera, los políticos presionan a los gerentes, éstos a los jefes de servicio, que transmiten la presión a los jefes de los CSM. Lo importante es bajar la lista de espera, aunque se dedique poco tiempo y ninguna coordinación al caso. Y a todo esto se añade la falta de profesionales, sobre todo psiquiatras y psicólogos. En un área sanitaria (fuera de la Comunidad de Madrid) han coincidido bajas laborales en hospitalización, y los psiquiatras del CSM han tenido que irse a trabajar a la hospitalización, y han cerrado el CSM, en lo que consultas de psiquiatría se refiere. La anécdota que he contado al principio creo que refleja una falta de respeto al profesional, y un desprecio. Es evidente que estos profesionales se terminarán marchando a otro lugar con mejores condiciones, y se muestre algo de respeto por su actividad profesional. Seguro que trabajar en el área sanitaria de algunos hospitales en una gran ciudad es una aspiración de algunos egresados del MIR. Pero creo que cumplir esta aspiración no puede ser a cualquier precio. Los psiquiatras jóvenes ahora tienen la suerte de poder elegir dónde trabajar por el aumento de la oferta laboral, y más ahora que la salud mental está en el debate político, y el aluvión de jubilaciones que se vienen encima en los próximos años. Los psiquiatras jóvenes se marchará a otro trabajo si los gestores no los cuidan y siguen con las actitudes despóticas de hace poco tiempo. Ya no hay bolsas de trabajo como antes, donde la gente estaba en paro esperando que te llamaran para cubrir una baja maternal de cuatro meses. Todo ha cambiado. Si los gestores no cuidan al profesional se marchará a otro lugar donde, por el mismo sueldo, tendrá una mejor calidad de vida, se sentirá respetado, y podrá conciliar vida profesional y personal. Por estas, y otras razones, creo que los CSM están en serio riesgo de desaparición, para convertirse en un simple edificio con donde los profesionales solo van a pasar consulta sin más complicaciones, sin coordinación y sin trabajo en equipo. Ojalá que esto no ocurra.

  • Conducta suicida, atención telefónica y coordinación con psiquiatras de guardia y CSM

    La Ministra de Sanidad acaba de anunciar que se pone en marcha el 024, una línea de atención telefónica para las personas en riesgo de suicidio. En su primer día en funcionamiento ha atendido mil llamadas. Creo que es una buena iniciativa, pues se tiene experiencia en muchos países de servicios similares y de su eficacia. También en España ha habido ONGs que desde hace décadas han venido ofreciendo este servicio. ¡Bienvenido sea el 024! Se ha informado que será la Cruz Roja la que se encargará de prestar este servicio, una organización que ya tiene experiencia en la atención telefónica. El Ministerio ha creado un grupo de trabajo para implementar este proyecto y, con gran sorpresa, nos hemos enterado de que no se ha contado con las organizaciones representativas de los más de cuatro mil psiquiatras que trabajamos en España (aunque matizan). No hay psiquiatras ni en el grupo que está diseñando el servicio, ni está previsto que los haya entre quienes prestan la atención telefónica. Cada día entran de guardia cientos de psiquiatras, y médicos residentes, en nuestros hospitales públicos y privados. Entre las tareas de un psiquiatra en una guardia está el evaluar a personas que han realizado un intento de suicidio, o tienen ideas de suicidio. Los psiquiatras de guardia hacen una historia clínica, valoran factores de riesgo y de protección, identifican apoyos, hablan por teléfono con familiares y amigos del paciente, etc. Finalmente, se toma una decisión respecto a si precisa o no ingreso, y si se deriva a alguno de los canales establecidos para atención preferente. Cada comunidad autónoma tiene sus propias vías de derivación para evitar que el paciente que ha hecho un intento de suicidio no tenga que sufrir la lista de espera genérica en salud mental, y se le pueda ver en pocos días. Sobre la conducta suicida hay cuatro datos estadísticos que son incuestionables: Muchos de los pacientes que se terminan suicidando han hecho intentos previos. La gran mayoría de las personas que realizan intentos de suicidio luego no se terminan suicidando. La gran mayoría de las personas que son atendidas en urgencias por intentos de suicidio no son ingresadas. Si hubiera que ingresar a todas las personas que hacen un intento de suicidio, y son llevadas a urgencias, no habría camas psiquiátricas en toda España, incluso aunque se duplicara la capacidad actual. La valoración del riesgo de suicidio que realiza el psiquiatra de guardia es una tarea compleja, que lleva tiempo, y requiere experiencia clínica. Esta valoración suele efectuarse en un contexto de presión asistencial, con el clima de crisis y tensión que suele haber en las urgencias hospitalarias. Ahora muchos de los pacientes con intento/ riesgo de suicidio que lleguen a las urgencias habrán hablado antes con el equipo del 024. Supongo que los profesionales que atiendan al llamante harán una historia clínica, que es la que cabe esperar que se haga en un paciente de estas características. Supongo, también, que en algunos casos el profesional recomendará que la persona acuda a una urgencia psiquiátrica. Y si es un caso de riesgo inminente de suicidio, y no tiene claro que quiera, o pueda, acudir a la urgencia movilizará a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (CCFFSSE) y a los servicios de emergencia (el 024 incluye geolocalización), para que intervengan (así está recogido en los documentos de trabajo del Ministerio). El paciente termina en la urgencia siendo atendido por el psiquiatra de guardia. Ante este escenario me pregunto ¿Cómo podrá acceder el psiquiatra de guardia a toda la información que el profesional del 024 ha recogido? Hagamos ahora el ejercicio mental de ponernos en el lugar del psiquiatra de guardia. Tiene que atender a un paciente en el que el equipo del 024 ha gestionado su traslado urgente. Si no tiene información en un documento escrito redactado por el profesional del 024 tendrá que empezar de cero su evaluación. Esto supondrá que el paciente tendrá que contar otra vez su problema a otro profesional. Si el paciente ha sido derivado de forma urgente por el 024 sin informe supone un elemento distorsionador en la toma de decisiones (ingreso/ no ingreso). No olvidemos que el psiquiatra de guardia tiene una tarea importante a la hora de priorizar los ingresos psiquiátricos en función de la gravedad de los casos que tiene en la urgencia, y el número de camas disponibles. Que llegue un paciente del 024 sin informe es inaceptable. El profesional del 024 tiene que poner por escrito en un informe clínico por qué considera que el paciente tiene que ser valorado de forma urgente. Todos los que hemos hecho guardias de psiquiatría sabemos que cuando derivamos a un paciente de un hospital a otro lo hacemos con un informe de alta detallado. Ahora el 024 entra a formar parte de la red de salud mental. Cabe esperar que cuando el profesional del 024 atienda a un paciente (urgente o no urgente) emita el correspondiente informe, en el que se identifique el profesional, con un sello de tiempo, y que haya un sistema por el que el psiquiatra de guardia que atienda al paciente reciba, o pueda acceder, al documento antes de que llegue el paciente. No hay que olvidar que cada comunidad autónoma ha montado su historia clínica electrónica a su manera. En la actualidad (2022) no hay manera de que un psiquiatra de guardia de una comunidad autónoma pueda acceder a la historia clínica de un paciente de otra comunidad. El Ministerio de Sanidad da por descontado que habrá interoperabilidad, y que los profesionales del 024 podrán trasladar a la historia clínica electrónica del paciente toda la información del episodio. Según la información de que disponemos publicada en los medios de comunicación el servicio lo va a prestar la Cruz Roja a nivel nacional. Entiendo que los profesionales del 024 serán empleados de Cruz Roja y se encontrarán en un único centro de atención telefónica de esta institución. Me cuesta creer que desde allí puedan acceder a la historia clínica electrónica de los 17 sistemas sanitarios autonómicos que tenemos. Esto va a suponer la creación de “puntos de enlace autonómicos” en el 024 (más burocracia), según reconoce el Ministerio en sus documentos de trabajo. Finalmente, hay otra cuestión por aclarar: ¿qué formación van a tener los profesionales que trabajen en el 024?, ¿serán solo profesionales de la psicología o habrá otras profesiones?, ¿se exigirá que sean psicólogos especialistas en psicología clínica o también trabajarán psicólogos generales sanitarios? No entro a analizar la cuestión de protección de datos que la propia responsable de Cruz Roja reconoce en una entrevista reciente que es una cuestión por aclarar. Creo que el servicio del 024 tiene que implementarse de forma correcta, con unos procedimientos de trabajo homologables a los de las redes de salud mental de las diferentes comunidades autónomas. Estamos en la época de la telepsiquiatría y la telepsicología, y tratar con personas con riesgo de suicidio es una tarea clínica, y no sólo psicosocial, que implica una gran responsabilidad para el profesional que está al otro lado del teléfono. Todo tiene que estar debidamente documentado. Por todo lo expuesto creo que el Ministerio, y Cruz Roja, deben aclarar estos puntos, e incluir a psiquiatras en los grupos de trabajo sobre el 024. Y que éstos sean profesionales con años de experiencia haciendo guardias de psiquiatría, y tomando decisiones difíciles.

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  • Citas | Alfredo Calcedo

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  • Dr. Alfredo Calcedo - Psiquiatría Legal | Madrid

    Soy Alfredo Calcedo Barba, Doctor en Medicina, Médico Especialista en Psiquiatría, y Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Trabajo actualmente en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, y he sido presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Legal. Dirijo el Máster en Psiquiatría Legal de la U.C.M. En mis treinta y cinco años de actividad profesional me he dedicado a la actividad clínica, y a la evaluación pericial psiquiátrica en diferentes jurisdicciones. ​ Suelo hacer actividades formativas dirigidas a profesionales de la salud mental, y sobre todo a psiquiatras, en temas relacionados con la Psiquiatría Legal Curriculum Vitae Mi trayectoria profesional Leer más > Publicaciones Acceso a mis publicaciones Leer más > Contacto Aquí me puedes contactar Contactar > ¿Qué es la Psiquiatría Legal La Psiquiatría Legal es una rama de la Psiquiatría que se dedica al estudio de las relaciones existentes entre la práctica clínica de esta especialidad y el marco legal existente en cada país. ​ Dentro de la Psiquiatría Legal existen dos grandes áreas de actuación: por un lado está la Psiquiatría y Ley en la Práctica Clínica que se encarga de analizar las implicaciones legales que tiene la práctica clínica, y por otro lado, tenemos la Psiquiatría Forense o Pericial, que se ocupa de la tarea pericial, esto es, de realizar evaluaciones clínicas con el fin de orientar a los jueces o jurados. Leer más > Máster en Psiquiatría Legal UCM Desde 2003 dirijo el Más en Psiquiatría Legal de la Universidad Complutense de Madrid. Este proyecto docente es el programa de formación más importante en Psiquiatría Legal en España y en los países de lengua española. Más información Grupo Senes Somos un grupo de profesionales que tenemos o hemos tenido vinculación con el Master en Psiquiatría Legal de la Universidad Complutense de Madrid. Aunque trabajamos en distintos ámbitos, y en diferentes zonas geográficas en España, colaboramos en Psiquiatría Forense realizando informes periciales. Más información Mi Blog personal Aquí podrás encontrar mi visión personal de algunos temas de actualidad de la Psiquiatría Legal. Acceso al Blog Acceso al Campus Virtual Aquí puedes acceder al Campus Virtual en la plataforma Moodle del Máster en Psiquiatría Legal. ​ Acceso sólo para los alumnos matriculados Solo alumnos matriculados ​Últimas entradas en el Blog El grave déficit de psiquiatras en España 4 jul La progresiva desaparición del modelo de Centro de Salud Mental 26 may Conducta suicida, atención telefónica y coordinación con psiquiatras de guardia y CSM 14 may Prosumidores (pacientes expertos) en salud mental: pros y contras 9 may 1 2 3 4 5

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