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La obsolescencia y rigidez del modelo de formación MIR en España


Hace unos meses encontré un artículo en la prensa médica en el que se relataba el caso de un joven médico, que acababa de terminar el MIR de Psiquiatría y se volvía a presentar al examen MIR. Relataba que durante la residencia de Psiquiatría había ido dándose cuenta de que le interesaba más lo biológico que otros aspectos psicosociales de nuestra especialidad. Explicaba con mucha claridad que le interesaba más "el electrocardiograma que la biografía del paciente", por ello se presentó otra vez al MIR.


Pero me interesó todavía más una entrevista que hicieron a un representante de la Asociación de Médicos Españoles en el Extranjero, en la que explicaba los motivos por los que muchos jóvenes colegas se marchaban al extranjero. Sus argumentos eran bien sencillos. Consideraban que el MIR español era un sistema muy rígido que, aunque tenía calidad, no permitía al residente ir descubriendo lo que realmente le interesaba dentro de la especialidad, o incluso poder cambiar de una especialidad a otra sin tener que volver al punto de partida (presentarse al MIR otra vez) de un nuevo programa formativo. Explicaba que en muchos países europeos los residentes van cambiando de una rotación a otra, e incluso de un hospital a otro, buscando rotaciones, que no necesariamente tienen que ver con un itinerario formativo.


Considero que este es un modelo muy interesante ya que al comienzo de la residencia muchos MIR no saben si realmente les gusta la especialidad que han elegido. En mi opinión la mayoría de los médicos, cuando han terminado la carrera, tiene solo una idea aproximada de lo que les gusta. Por ejemplo, la mayoría tiene claro si le interesa una especialidad quirúrgica o no quirúrgica, o si les atrae tratar con niños o no, o si prefieren una especialidad en la que no se tenga contacto con pacientes.


Sin embargo, dentro de los grandes troncos de las especialidades médicas, creo que a la mayoría les daría igual elegir una u otra especialidad. El tiempo en que se rota durante la carrera en cada una de las especialidades no es suficiente para conocer, realmente, cómo es la especialidad. Por ello es frecuente que al sumergirse en la nueva especialidad en los primeros meses, o años, del MIR, muchos descubran que la especialidad que escogieron no les satisface, no les llena. Y cuando esto ocurre no queda otra opción que presentarse otra vez al MIR. Con suerte puede que les convaliden algunas rotaciones, aunque en la mayoría de casos en la nueva especialidad no les supone un valor añadido el haber cursado meses, o años, de otro programa de formación.


En Europa esto no ocurre. Los médicos españoles que emigran a Europa al terminar la carrera al comenzar la residencia empiezan, a la vez, un proyecto de desarrollo personal, de autodescubrimiento vocacional, en el que van a ir conociendo mejor lo que realmente les atrae profesionalmente. Van configurando su propio itinerario formativo, aunque luego les exigen unos mínimos de rotaciones determinadas para acceder al título. Creo que esto es fantástico, y es una gran suerte que muchos de nuestros jóvenes colegas lo puedan hacer.


Pongo un ejemplo. En el Reino Unido los residentes van cambiando de rotaciones y de hospitales. Y si hay alguien que tiene dudas de ser psiquiatra o neurólogo, puede tener rotaciones en una y otra especialidad, y cuando tenga una idea más clara de cada una podrá tomar una mejor decisión. Incluso podrá profundizar en ambas, sacando el título de psiquiatra con la subespecialidad de Neuropsiquiatría. De igual modo, hay muchos neurólogos en Europa que han tenido largos meses de formación en Psiquiatría, aunque luego sean sólo neurólogos. Esto permite, además, perfilar mucho mejor el mapa de competencias que tiene cada profesional.


En España esto no ocurre. Nada ha cambiad en 45 años. Cuando yo escogí plaza en el MIR, hace muchos años, recuerdo que un compañero que estaba en el ordenador de al lado en la mesa donde se adjudicaban los puestos. Tenía un número de orden parecido al mío. Estaba con muchas dudas y muy nervioso. Empezó a preguntar qué plazas quedaban y en qué hospitales y ciudades. Parecía que iba a escoger más por la ciudad u hospital que por la especialidad en sí misma. La funcionaria que estaba con él fue muy amable y comprensiva. Le dedicó un tiempo para que reflexionara y decidiera con calma. Había mucho en juego


Cuando me presenté al MIR (1986) la competencia era tremenda, no había Internet, no había tanta información, se iba un poco a ciegas. Era una decisión muy importante, igual que ahora. La decisión sigue teniendo la misma trascendencia, aunque ahora las solicitudes se hagan online y un ordenador cruce los datos para asignarte hospital. Si te equivocas en la elección tendrás que renunciar y presentarte otra vez al examen. Meses o años perdidos, la ansiedad de un nuevo examen.


De esto precisamente es de lo que cada vez más jóvenes están huyendo, marchándose al extranjero al terminar la carrera. Buscan huir de esta rigidez. El Ministerio de Sanidad, y las comunidades autónomas, ignoran cómo están cambiando los tiempos y las aspiraciones profesionales de nuestros jóvenes graduados. Un ejemplo de este inmovilismo se ve en la reciente creación de la especialidad de Psiquiatría infantil. Hasta ahora el MIR de Psiquiatría tenía sus rotaciones, y en el último año podría elegir si profundizaba en el área de infantil o no. El residente tenía tiempo para pensarlo. Ahora no. Nuestro Ministerio ha creado dos especialidades: Psiquiatría Infantil y Psiquiatría (de adultos). Aunque tienen dos años de formación en común cada MIR tendrá su ruta predeterminada desde el momento en que escoja plaza. O elige Psiquiatría infantil o Psiquiatría de adultos. El Ministerio podría haber escogido otra fórmula como la de que todos fueran por un "tronco común" y eligieran en los últimos años qué rama del tronco preferían. Esto se intentó en 2014 con el modelo de troncalidad pero el Tribunal Supremo anuló el Real Decreto y lo que podría haber sido un avance se quedó aparcado unos años.


Una cosa es bien cierta: el MIR es un sistema justo. Cuando se implanto en los años setenta sustituyó a un modelo antediluviano de escuelas profesionales, que era muy proclive al amiguismo y las corruptelas. En el MIR los números mandan y el orden de prelación que sacas es el que determina tu futuro. No es un sistema perfecto pero, por lo menos, es justo.


Pero el MIR se diseñó en una época en la que casi nadie emigraba. El Ministerio asumía que el 99% de los que terminábamos la carrera nos íbamos a presentar. Todos queríamos trabajar en España, donde siempre se ha dicho, y es verdad, que se vive muy bien. Ahora los viajes en avión son muy baratos, las comunicaciones son fantásticas, y todo el que termina la carrera habla inglés. Y si tiene que aprender alemán, sueco o francés cuando tienes 24 años no es un gran problema. Si terminas la carrera en Junio, haces una entrevista y en poco más de un mes empiezas a trabajar. Si quieres hacer el MIR también terminas en Junio, te presentas al examen en Enero y te incorporas a finales de Mayo. El sistema MIR te ha hecho perder casi un año.


El Ministerio no ha entendido que el sistema MIR lleva unos años compitiendo por el talento de nuestros graduados con los sistemas de formación de gran parte de Europa. Y aunque, por ahora, se lleve la mayor parte, el porcentaje de los que no lo hacen sigue aumentando. Pero el Ministerio no se plantea cambiar. Seguimos igual que hace 45 años, con un sistema justo en la selección pero rígido en la formación. Un sistema, en definitiva, obsoleto.





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