Fenomenología de la experiencia vivida de la psicosis: de ayer a hoy
- Alfredo Calcedo
- 18 nov 2025
- 19 Min. de lectura

Me he encontrado con este artículo publicado en 2022 en el que se reflexiona sobre la experiencia de psicosis (Fusar-Poli, P., et al). (2022), The lived experience of psychosis: a bottom-up review co-written by experts by experience and academics. World Psychiatry, 21: 168-188. https://doi.org/10.1002/wps.20959. Me ha llamado la atención ya que participan un gran número de autores que se pueden dividir en tres grandes grupos: clínicos, investigadores y pacientes. En su redacción también se han revisado numerosos libros escritos por pacientes que han contado su experiencia. El objetivo principal es incluir diferentes perspectivas de la enfermedad.
En el artículo hay numerosas citas de los fenomenólogos clásicos y se utilizan sus conceptos. Y no podía ser de otra manera ya que desde hace más de cien años la psiquiatría fenomenológica ha buscado poner en palabras la experiencia del paciente psicótico y su sufrimiento. Jaspers, Conrad y tantos otros escucharon con mucho detenimiento, e intentaron trasladar esas experiencias relatadas por sus pacientes a sus libros de texto. Muchas de las ideas de la psiquiatría fenomenológica fueron barridas a partir de los años 90 (las alteraciones de la vivencia del yo, el trema, etc) fueron literalmente olvidadas y su uso clínico fue reemplazado por criterios diagnósticos y escalas. Parecía que la medición a través de la psicometría iba a producir nuevos avances y es cierto que los hubo. Sin embargo, parece que ahora hemos llegado a una situación de agotamiento de este modelo empírico, lo que ha llevado a un re-descubrimiento de la psiquiatría fenomenológica. Autores como Fuchs en Alemania o Stanghelini en Italia, o Bill Fulford en Reino Unido han lanzado un movimiento de psiquiatría basada en la experiencia. Incluso se ha publicado hace poco un tratado (en inglés) de Psiquiatría Fenomenológica.
El artículo que resumo a continuación es un ejemplo de ese re-descubrimiento de la fenomenología. Tiene la particularidad de que el trabajo artesano de los autores clásicos se ha re-emplazado por el de un debate estructurado interdisciplinar que denominan Bottom-Up, reflejando la idea de que tienen mucho que aportar los que han sufrido la enfermedad. Pero creo que esta aportación es equiparable a la que hicieron en su momento los pacientes que atendieron Kurt Schneider, Karl Jaspers o Klaus Conrad.
Aquí va el artículo resumido:
I. Introducción: Fundamentos de la perspectiva Botton-Up en psicosis
1.1. La inefabilidad existencial de la psicosis y la crítica al enfoque Top-Down
La psicosis se distingue como la experiencia más inefable y enigmática dentro del espectro de los trastornos mentales. Caracterizada por la presencia de alucinaciones —percepciones en ausencia de estímulos— y delirios —juicios erróneos mantenidos con una convicción extraordinaria—, la propia naturaleza de la afección hace que resulte extremadamente difícil para las personas afectadas tanto la comprensión como la comunicación de sus vivencias.
Esta dificultad ha sido un tema central en la psicopatología histórica. La tradición que se remonta a Karl Jaspers a menudo ha aludido al paradigma de la "incomprensibilidad" para describir los síntomas psicóticos primarios, aquellos que resisten ser entendidos empáticamente en términos de conexiones psicológicas o motivaciones previas. A lo largo de la historia de doscientos años de la psicosis, se han publicado numerosos tratados médicos que ofrecen descripciones psicopatológicas precisas. No obstante, este enfoque predominante, conocido como "top-down" (es decir, de la teoría a la experiencia vivida), se ha percibido como limitado por un lenguaje y un foco excesivamente académicos, lo que ha impedido que la plena subjetividad y la riqueza del fenómeno emergieran por completo.
Aunque existen síntesis de evidencia que han resumido varios aspectos de la experiencia vivida, y aunque numerosas narrativas han sido producidas por individuos afectados, estas últimas son a menudo fragmentadas y contextuales, lo que dificulta el avance de una comprensión más amplia y sistematizada de la experiencia. Por lo tanto, se reconoció una necesidad metodológica crítica: la adopción de un enfoque "bottom-up" para capturar la esencia de la experiencia subjetiva, que hasta ahora no se había realizado con éxito a través de una revisión co-escrita.
1.2. La metodología co-escrita y la centralidad de los expertos por experiencia
Para llenar la brecha metodológica existente, el presente análisis se basa en la primera revisión co-escrita de la experiencia vivida de la psicosis utilizando un enfoque "bottom-up". Este método se define como la progresión "de la experiencia vivida a la teoría". Su innovación radica en la participación de individuos con experiencia vivida de psicosis, denominados "expertos por experiencia," quienes asumieron un rol primario en la selección de los temas subjetivos, que posteriormente fueron enriquecidos mediante perspectivas fenomenológicamente informadas.
El proceso de co-escritura constituye una forma innovadora de colaboración que fomenta avances significativos al involucrar mutuamente a académicos y a individuos con experiencia vivida en la redacción conjunta de la narrativa. Este método se fundamenta en el compartir de perspectivas y significados sobre el sufrimiento, con el compromiso ético de mantener la dicción y el estilo narrativo de cada sujeto sin que sean capturados o distorsionados por modelos narrativos preestablecidos.
La construcción del conocimiento se llevó a cabo mediante un proceso riguroso y multifásico:
Recolección Sistemática: Se estableció un equipo de colaboración que revisó exhaustivamente todos los relatos en primera persona publicados en Schizophrenia Bulletin entre 1990 y 2021. Además, se obtuvieron narrativas personales adicionales a través de la lectura de textos (incluyendo autobiografías) y la investigación cualitativa (como relatos de historias clínicas o publicaciones de usuarios de servicios). El material se incluyó si abarcaba relatos primarios de la experiencia vivida en todas las etapas clínicas de la psicosis (pre-mórbida, prodrómica, primer episodio, recidivante y crónica), así como la experiencia de la recuperación y los tratamientos.
Análisis Estructural y Selección Temática: Se realizaron análisis semánticos automatizados en los relatos para extraer y mapear los temas experienciales y sus interconexiones. El grupo de redacción inicial seleccionó y agrupó provisionalmente estos temas, identificando citas ilustrativas.
Validación y Discusión Colaborativa: La selección inicial de temas y citas fue colegialmente compartida y discutida en dos talleres colaborativos. Estos talleres incluyeron a numerosos individuos con experiencia vivida, además de familiares y cuidadores, que representaban una red global de organizaciones. Este paso fue esencial para validar la prominencia de los temas y recopilar interpretaciones directas de los usuarios.
Este enfoque no solo es una elección metodológica superior, sino que aborda un imperativo ético. Al dar prioridad a la perspectiva del paciente, se busca activamente prevenir injusticias relacionadas con la exclusión, el silenciamiento y la distorsión de la voz de las personas afectadas, un problema donde otros a menudo reclaman saber cuáles son sus propósitos y visiones. El resultado es una fuente de experiencias subjetivas centrales que refina el diseño y la prestación de los servicios de salud mental.
1.3. Estructura del análisis: las etapas de la psicosis
El presente análisis sigue la progresión clínica identificada en la revisión, descomponiendo la experiencia vivida en sus etapas evolutivas: premórbida, prodrómica, primer episodio, y etapas recidivante y crónica. Si bien se reconoce la naturaleza heterogénea de la psicosis y la pluralidad de experiencias individuales, el estudio logró delinear un marco formal y paradigmático de la experiencia subjetiva. Un hallazgo transversal significativo es que la vida de la persona con psicosis está marcada por una experiencia de soledad interna que se establece en la fase premórbida y persiste como un desafío fundamental hasta la etapa crónica.
II. Génesis de la alienación: la experiencia premórbida y prodrómica
Las fases tempranas de la psicosis, que comprenden los estadios premórbido y prodrómico, se caracterizan por temas existenciales centrales que sientan las bases de una profunda alienación, incluyendo la pérdida del sentido común, la perplejidad, la falta de inmersión en el mundo y la perturbación del sentido del yo.
2.1. La etapa premórbida: soledad, aislamiento y la erosión del sentido común
La etapa premórbida, que a menudo comienza en la infancia, si bien generalmente asintomática con funcionalidad preservada, se define por una serie de experiencias subjetivas precursoras.
Soledad y desconexión social
El cúmulo más frecuente de experiencias en esta etapa es el sentimiento de soledad y aislamiento. Los individuos recuerdan haber sido niños tímidos e "introvertidos," o "solitarios," sintiéndose incómodos con sus pares. Esta debilidad en la "sintonía" social temprana se relaciona con conceptos psicopatológicos históricos como el temperamento esquizoide o la esquizofrenia latente. La soledad frecuentemente se asocia con ansiedad social, temores recurrentes, rumiaciones obsesivas y una marcada hipersensibilidad en las interacciones.
Esta sensación de alienación interna es amplificada por experiencias adversas tempranas. La discriminación social, el acoso escolar, el abuso o la exposición a conflictos familiares prolongados y violencia, exacerban el miedo y el aislamiento subjetivos.
La crisis del sentido común
La principal raíz de la experiencia subjetiva premórbida reside en la "crisis del sentido común". El sentido común, según Blankenburg, es la comprensión tácita e implícita de las "reglas del juego" que guían las interacciones humanas. En estos individuos, esta comprensión intuitiva de cómo conducir tareas y conversaciones cotidianas se ve disminuida.
Lo que para otros es natural y sin esfuerzo, para el individuo en riesgo se convierte en una difícil tarea cognitiva; las reglas de interacción deben ser aprendidas y memorizadas en lugar de ser intrínsecamente sentidas. Esta fragilidad del sentido común erosiona la sintonía interpersonal, resultando en un auto-posicionamiento excéntrico que margina al individuo de la realidad consensuada, llevando a sentirse "raro" o "extraño".
Perturbación primaria del yo y el cuerpo
La fragilidad del sentido común se relaciona directamente con una profunda perturbación del sentido del yo básico (basic-self), resultando en un "sentido disminuido del self". Los individuos pueden sentirse carentes de una identidad central, "efímeros," o profundamente diferentes de los demás. Experimentan un sentimiento persistente de ser "como un extraño".
Incluso el cuerpo es percibido como ajeno. Se reportan experiencias corporales anómalas, como la sensación de ser un self desencarnado, donde el cuerpo no se siente propio, sino un mero "vehículo, algo que tenía que conducir como un coche".
Estas deficiencias existenciales básicas se traducen en problemas prácticos reales: habilidades sociales inadecuadas, dificultades en la escuela y problemas con actividades cotidianas mundanas que resultan incomprensiblemente difíciles. Estas deficiencias pueden ser tan profundas que interrumpen la conciencia de la identidad del self (ego-identidad de Jaspers).
2.2. La etapa prodrómica: el Trema y la perplejidad como desconexión
La fase prodrómica, caracterizada por síntomas atenuados, está marcada por una intensificación de la crisis existencial.
El humor delirante y el aumento de la salencia
La experiencia subjetiva del pródromo se define por la intensa sensación de que "algo muy importante está a punto de suceder", que el individuo está a punto de descubrir una "verdad" crucial. K. Conrad denominó a esta expectativa inicial el Trema (miedo escénico), un estado caracterizado por el humor delirante (Wahnstimmung).
El humor delirante es una sensación interna de tensión opresiva y "siniestra" (uncanny), como si "algo estuviera en el aire". Durante esta experiencia, el tiempo se suspende, viviéndose en un "ahora" elusivo y preñado de significado. El mundo se transforma; lugares y personas conocidas se vuelven extraños y amenazantes, un fenómeno descrito en la cultura popular como "vivir en el Show de Truman," donde el individuo sospecha que su realidad circundante ha sido escenificada.
La "salencia" (heightened salience) de significados aumenta exponencialmente. El individuo se siente asaltado por eventos dirigidos personalmente, y estímulos previamente irrelevantes adquieren un significado vívido. Esta intensidad puede ser abrumadora, conduciendo a ideas de referencia y a una preocupación creciente por temas como la religión, lo paranormal o las ciencias.
Perturbación del self y la pérdida de la "Mineness"
La perturbación del sentido del yo se agrava. El self se vuelve "inestable" y sus límites se perciben como "perforados" y "permeados" por el mundo externo. La sensación pre-reflexiva de "mismidad" (ipseity) y agencia se interrumpe. El individuo experimenta la disolución del sentido de identidad, sintiendo que no puede encontrarse o ser uno mismo.
Esta alteración se manifiesta como hiper-reflexividad —una conciencia exagerada de los procesos mentales internos—, lo que lleva a experiencias alucinatorias breves, como escuchar sonidos distorsionados o voces. El sentido de propiedad de los pensamientos y emociones (mineness) se ve comprometido, con pensamientos que se sienten "extranjeros," como si alguien los estuviera insertando. El individuo experimenta una pérdida transitoria de control sobre sus procesos emocionales y cognitivos.
Perplejidad y aislamiento voluntario
La perplejidad intensa es el sello emocional de esta fase, reflejando la falta de inmersión en el mundo y una sensación de desconcierto y alienación, a menudo con una cualidad amenazante. La persona pierde el contacto vital con el mundo, experimentando crecientes dificultades para interactuar y comunicar.
El aislamiento social y el uso problemático de sustancias se convierten en mecanismos típicos de afrontamiento. Los individuos se retiran de la familia y amigos a lo largo de un tiempo prolongado, sintiéndose fuera de lugar y diferentes. A pesar de la angustia considerable, la persona típicamente mantiene sus experiencias anómalas en secreto por miedo a ser etiquetado o por vergüenza. Esta dificultad para compartir las experiencias inusuales obstaculiza la búsqueda de ayuda.
III. La tormenta y la reorganización: el primer episodio psicótico
El primer episodio de psicosis se caracteriza por una intensificación radical de los fenómenos prodrómicos, culminando en la formación del delirio, la disolución de los límites del yo-mundo y un caos interno tumultuoso.
3.1. El sentido de resolución y alivio transitorio: la apofanía
La intensificación de las experiencias anómalas durante el primer episodio no es solo angustia. Paradójicamente, el final de la perplejidad puede traer un sentido de resolución. El Trema es reemplazado por la Apofanía (revelación) de Conrad, una experiencia inesperada de claridad donde el individuo "pone las piezas juntas".
Este momento de "intuición" o "experiencia aha" revela un motivo delirante que da significado a las percepciones alteradas y a las experiencias angustiosas. El inicio del delirio puede proporcionar un nuevo rol en el mundo, más emocionante y significativo que la realidad siniestra del pródromo. La persona siente excitación y alivio, ya que los delirios ofrecen una explicación satisfactoria a una realidad alterada. Los delirios otorgan un sentido de identidad, propósito y pertenencia, aumentando parcialmente la "sensación de coherencia". Este sentido de destino portentoso (por ejemplo, creencias grandiosas o apocalípticas) se describe a menudo en contraste con la difícil situación personal real del individuo.
3.2. La auto-referencialidad extrema: la Anastrophe y el Yo en el centro del mundo
Tras la revelación, el fenómeno progresa a la Anastrophe ("retorno de los significados"). Durante esta fase, la centralidad del self aumenta exponencialmente, y todos los eventos y percepciones giran alrededor del individuo. El paciente se siente como el "ego-centro de la sociedad" o el punto medio al que se refieren los mensajes de radio, televisión, gestos de desconocidos, e incluso el color de la ropa.
Este aumento de la auto-referencialidad se manifiesta en delirios de grandeza, donde la persona se siente como una fuerza con poder, o en delirios tipo Truman Show. La persona se siente incómodamente en el centro de un escenario donde es observada o espiada. La sobrecarga de estímulos externos e internos es intensa, haciendo que la experiencia sea "abrumadora" y "agotadora".
3.3. Disolución de los límites y pérdida de la agencia del Yo
Una característica definitoria del primer episodio es la pérdida total de agencia y control. El sentido de propiedad sobre la propia actividad psíquica se disuelve. El individuo siente que no está "pensando el delirio," sino que "el delirio estaba pensando en mí," convirtiéndose en un "esclavo de la locura".
Las alucinaciones rompen los límites entre el self y el mundo. La conciencia se convierte en una experiencia pasiva, donde el individuo está a merced de sus propias percepciones y pensamientos. Los límites del ego se vuelven permeables (permeated self-world boundaries). Se reportan fenómenos de pasividad, como la inserción o difusión de pensamientos, y alucinaciones de mando o de influencia por fuerzas externas. La permeabilidad puede extenderse al cuerpo, con violaciones de los límites corporales, como la sensación de partes del cuerpo desplazadas o la inserción de objetos.
La disolución del sentido del yo, ya presente en el pródromo, se vuelve dramática. Se pierde la conciencia de la unidad del yo (coherencia del ego de Jaspers). El individuo puede sentirse "disolviéndose," "dividido" o "esparcido en varias piezas". Esta desorganización del basic-self conduce a la de-animación o devitalización, donde la persona siente que no es ella la que camina o habla, o que ha cesado de existir. El correlato emocional es el terror ontológico, que a menudo se resuelve en delirios apocalípticos o nihilistas. La aniquilación del ego puede llevar a la auto-lesión, pues la disolución del self en el entorno conlleva su propia aniquilación.
3.4. El caos interno tumultuoso y el aislamiento radical
La desorganización de los pensamientos es un tema prominente. La cabeza se describe como "inundada" o en "enjambres" de pensamientos, un "ruido" increíble. Los términos utilizados son "torbellino" o "vórtice," lo que subraya la dificultad para articular este caos interno con precisión. El pensamiento pierde la capacidad sintética de organizar la información, debilitando el "agarre" sobre el campo conceptual.
La pérdida de confianza es generalizada. Los delirios persecutorios destruyen la atmósfera de confianza, extendiendo la sospecha a todo el entorno social. El primer episodio es una experiencia intensamente solipsista y aislante. La sensación de indefensión y la incapacidad de hacer frente a un self y un mundo disueltos conducen a un intenso retraimiento social. Los individuos adoptan un estilo de vida reclusivo, cortando lazos sociales y abandonando sus responsabilidades.
IV. Enfrentando las consecuencias: la experiencia en las etapas recidivante y crónica
Las etapas de recaída y crónica exigen al individuo afrontar las consecuencias permanentes de la psicosis, centrándose en el duelo, la aceptación de un futuro incierto y la lucha contra el aislamiento persistente.
4.1. El duelo existencial y la lucha por la aceptación
La fase recidivante se caracteriza por el duelo por una serie de pérdidas personales. El individuo lamenta al self pre-psicótico, lo que afecta la confianza y la autoestima.
Pérdidas de identidad y autonomía
El duelo se centra en las identidades perdidas; el individuo siente que debe asumir el nuevo rol de "paciente mental," sintiéndose diferente de los demás. El estigma público y el auto-estigma resultante alimentan esta sensación de ser "defectuoso". La lucha contra el estigma lleva a la ocultación activa del diagnóstico y a la reducción de las redes sociales.
También se lamenta la pérdida de la autonomía. Actividades cotidianas mundanas se convierten en desafíos enormes. Las dificultades funcionales, el bajo rendimiento y el desempleo generan sentimientos de frustración y desánimo. Además, se enfrenta la pérdida del significado que los síntomas psicóticos habían ofrecido durante la Apofanía, lo que contribuye a la depresión post-psicótica, junto con el sentimiento de ser un "fracaso".
Un Futuro Incierto
Los individuos deben reconstruir metas, y el futuro se percibe como incierto debido a la imprevisibilidad del trastorno. La aceptación del diagnóstico y del futuro incierto es un proceso lento que requiere años de lucha interna. La aceptación implica asimilar la experiencia en un nuevo sentido del yo. No se trata necesariamente de volver al "self pasado," sino de una transformación de la identidad y de los objetivos. Sin embargo, la sensación de duelo por la vida anterior y la creencia de valer menos que los pares sanos pueden persistir.
4.2. Vivir en dos realidades y el caos interno persistente
Una experiencia clave de las etapas posteriores es sentirse "dividido" entre el mundo exterior y los mundos delirantes privados, con el mundo interior a menudo sintiéndose más real. Este fenómeno de "doble conciencia" o "doble contabilidad" (Bleuler) implica una navegación constante y exige un "respeto saludable por la astucia de la psicosis".
Aunque los síntomas más floridos pueden disminuir, la "nada del self" y la sensación de irrealidad pueden ser permanentes. Persiste un tumultuoso mundo interior, una "tormenta" constante, que a menudo no es visible desde el exterior, y se agrava por la incapacidad de confiar en la propia mente.
No obstante, en la etapa crónica, los individuos han desarrollado habilidades de afrontamiento, como ignorar las voces y las ideas delirantes, logrando así recuperar un sentido de agencia y control. Esto facilita la aceptación del diagnóstico y su impacto, ya que los síntomas se vuelven más fáciles de ignorar. Se reporta mayor optimismo y satisfacción ocupacional, aunque el sentido de pérdida por la vida anterior puede seguir siendo una sensación predominante.
4.3. La persistencia de la soledad y la necesidad desesperada de pertenencia
A pesar de las mejoras funcionales, las relaciones sociales siguen siendo una preocupación importante en la etapa crónica. Los sentimientos de soledad y aislamiento son penetrantes, a menudo expresados como sentirse "cortado de la humanidad".
Existe un llamado fuerte y desesperado a sentirse comprendido, conectado y aceptado. Sin embargo, este deseo se frustra por el miedo interpersonal y la dificultad persistente para comunicarse con otros y transmitir la naturaleza de las experiencias psicóticas. El estigma, los malentendidos y la vergüenza amplifican esta soledad.
La dificultad para establecer lazos sociales duraderos se relaciona con la persistencia de una "hipo-sintonía" con los códigos sociales implícitos. Los individuos pueden sentir que les falta la "columna vertebral de las reglas de la vida social" o que "hacer amigos es un misterio". El desafío reside en encontrar un equilibrio comunitario que les permita sentirse integrados sin sacrificar el espacio necesario para la soledad, una forma de sentirse integrado manteniendo una distancia.
V. El encuentro terapéutico: la experiencia dual de los tratamientos
La experiencia de recibir tratamientos psiquiátricos está determinada por la esperanza de lograr la recuperación, entendida como un viaje duradero de reconstrucción de la persona y restablecimiento de los lazos perdidos hacia metas significativas. Los tratamientos son experimentados de manera ambivalente, con aspectos tanto positivos como negativos.
5.1. La recuperación subjetiva: un viaje no lineal hacia metas significativas
La recuperación se percibe subjetivamente como algo que va más allá de la remisión de los síntomas. Se trata de alcanzar un sentido de control personal y la capacidad de "hacer algo al respecto". El camino es cíclico, un "viaje largo y solitario" que requiere involucramiento activo y una lucha por restaurar el significado y la agencia.
La recuperación implica la reconstrucción de la identidad y la reorientación hacia metas significativas, a menudo implicando una profunda transformación personal, incluyendo la aceptación de las limitaciones. La psicosis, para algunos, puede aportar un nuevo sentido de empatía y un reajuste de las prioridades vitales.
Un facilitador crítico es la calidad de las relaciones de apoyo. Estas relaciones deben transmitir la certeza de la recuperación, ofreciendo comprensión de las experiencias inusuales en un contexto de compasión y actitudes positivas.
5.2. Experiencias de la atención hospitalaria y los servicios
El contexto de atención influye profundamente en la experiencia.
Atención Hospitalaria: Si bien la hospitalización a menudo ocurre en medio del miedo y la confusión, puede proporcionar una sensación de seguridad y alivio, funcionando como un "refugio seguro" durante la crisis. Ofrece un respiro del agotamiento que implica mantener una apariencia de normalidad, así como oportunidades para la reflexión y la incorporación de hábitos saludables. No obstante, las admisiones y tratamientos coercitivos (sujeción física, medicación forzada) se recuerdan como profundamente traumáticos, generando sentimientos de impotencia, falta de privacidad y "deshumanización". Las experiencias negativas pueden obstaculizar la confianza a largo plazo en el sistema de salud.
Servicios de Intervención Temprana y Ambulatoria: Los servicios especializados de intervención temprana son muy valorados por su enfoque en la recuperación y por ofrecer apoyo práctico (empleo, vivienda). Los usuarios aprecian ser tratados "como un ser humano" y ser involucrados como "socios" en las decisiones. La continuidad del cuidado es fundamental para construir la confianza.
Por otro lado, los servicios ambulatorios pueden fallar al ser fragmentados, con listas de espera excesivas y equipos cambiantes. El individuo puede sentirse reducido a una etiqueta diagnóstica o a un "objeto perturbador" en entornos excesivamente burocráticos, lo que fomenta el estigma y amplifica el sentimiento interno de objetificación característico de la psicosis.
5.3. Intervenciones sociales y soporte comunitario
Las intervenciones sociales son esenciales para reconstruir el self perturbado mediante el fomento de la autonomía. El apoyo al estudio, al trabajo o a la vivienda independiente ayuda a recuperar el sentido de propósito y la confianza, restaurando el "espacio propio en el mundo".
El apoyo de pares es particularmente útil, ya que "normaliza" las experiencias psicóticas, lo que ayuda a reducir el aislamiento, la vergüenza y promueve un compromiso más proactivo con la propia recuperación. Las experiencias son negativas cuando se exige al individuo que se conforme a los estándares sociales sin priorizar sus valores o reconocer su necesidad de abordar las tareas "de manera diferente". Es crucial que las intervenciones reconozcan que la integración social debe equilibrarse con el espacio para la soledad, permitiendo sentirse integrado mientras se mantiene "a distancia".
5.4. El contrato con la psicología: sentido y contrasentido
El tratamiento psicológico ofrece el primer canal para comunicar y desarrollar una comprensión compleja de las experiencias psicóticas, lo que reestablece la continuidad de la narrativa vital. Los individuos buscan intensamente encontrar significado en sus experiencias, y este proceso colaborativo reduce la soledad y promueve la sensación de ser comprendido.
Se valoran las estrategias flexibles de afrontamiento, que incluyen la alfabetización en salud mental, el auto-monitoreo, la interacción con las voces, la relajación y el reality-testing.
Sin embargo, los tratamientos psicológicos se perciben como perjudiciales si se "fuerzan" o si niegan la individualidad del paciente. Un énfasis excesivo en el enfoque racionalista de reality-testing sobre los delirios y alucinaciones se percibe como una intensificación de la auto-alienación y la hiper-reflexividad. Desacreditar las experiencias vividas como "sin sentido" o meramente "sintomático" agrava la perturbación de la ipseidad. Las actitudes de juicio o sermón por parte del terapeuta aumentan el sentimiento de falta de agencia.
5.5. La relación ambivalente con la farmacoterapia
La experiencia de la medicación es compleja y ambivalente. Los antipsicóticos son considerados un "doble filo": alivian los síntomas angustiantes y proporcionan las condiciones para otras intervenciones. La medicación puede "rescatar el core self" de la perturbación, eliminando las barreras que impiden al individuo ser quien es y proporcionando una sensación de normalidad.
No obstante, estos beneficios a menudo se contraponen con efectos secundarios profundamente angustiantes y limitantes (ej., anhedonia, acatisia, somnolencia). Estos efectos son una razón común para el abandono de la medicación, ya que limitan severamente el funcionamiento social. El paciente a menudo se encuentra en un conflicto personal, debiendo sopesar los efectos secundarios frente a la miseria de los síntomas sin tratamiento. La toma de decisiones compartida se considera clave para potenciar la autonomía.
Un hallazgo crítico es que la medicación, aunque crucial, es insuficiente por sí misma. Si bien trata la manifestación aparente, "no resuelven nada más allá de la manifestación aparente," dejando sin abordar las perturbaciones existenciales subyacentes del basic-self que alimentan la formación de síntomas y el tormento interno. Por lo tanto, la combinación de farmacoterapia con intervenciones psicosociales y psicológicas es la estrategia preferida por los individuos afectados.
VI. Implicaciones y reflexión final
6.1. Informando la práctica clínica: la importancia de la fenomenología práctica
Los hallazgos de esta revisión, impulsada por la voz del experto por experiencia, tienen un impacto directo y significativo en la práctica clínica. Las buenas prácticas de atención deben construirse sobre la base de la comprensión de la realidad humana y existencial del paciente.
La identificación de temas existenciales centrales —como la pérdida del sentido común, la perturbación de la ipseidad y la soledad que atraviesa el ciclo vital del trastorno— subraya que la psicosis no es solo un conjunto de síntomas, sino una experiencia de desestructuración del self en relación con el mundo. El sistema de atención debe reconocer esta inmensa angustia existencial. Los clínicos deben ser conscientes de la necesidad de descender en la relación terapéutica para penetrar el mundo subjetivo de los pacientes, cuyas subjetividades laceradas anhelan ser escuchadas y comprendidas. El presente trabajo sirve como un recordatorio para evitar los prejuicios que reducen la complejidad de la psicosis a un mero fenómeno biológico.
6.2. El imperativo ético y la investigación
El estudio se alinea en contra de lo que se ha denominado una "psiquiatría sin psique", demostrando que no es posible comprender la dimensión dialéctica de la psicosis sin un enfoque fenomenológico profundo. La voz de los expertos por experiencia ayuda a desenmascarar los malentendidos generados por las ciencias naturales cuando reducen la complejidad del trastorno.
La metodología co-escrita representa un avance ético al abordar la injusticia epistémica y garantizar que la voz de los afectados influya directamente en el conocimiento académico. Esta fuente de experiencias subjetivas core es fundamental para que los proveedores de atención médica refinen el diseño y la prestación de servicios, garantizando que el apoyo se centre en la persona y no meramente en el diagnóstico.
6.3. Conclusión: la psicosis como experiencia humana, dolorosa y enigmática
La psicosis se revela como una de las experiencias existenciales más dolorosas y perturbadoras, inefablemente ajena a los patrones de vida habituales, pero profundamente humana. Si bien el trastorno exhibe un marco formal identificable a través de sus etapas clínicas, su manifestación y contenido son, en última instancia, personales e idiosincrásicos.
El análisis concluye que la experiencia de recibir tratamiento está determinada por la esperanza de alcanzar la recuperación. Esta recuperación no es una simple reversión sintomática, sino un viaje de reconstrucción del sentido de la persona y el restablecimiento de los lazos perdidos. La persistencia de la soledad y la fragmentación del self subraya que las prácticas clínicas deben ir más allá del alivio farmacológico, enfocándose en apoyar al individuo en la asimilación de la experiencia en un nuevo self y en la búsqueda de metas significativas. El compromiso ético y terapéutico reside en la escucha atenta y la validación de estas realidades internas para guiar al individuo a través de su enigmático y doloroso viaje.
Este artículo ha sido redactado con ayuda de inteligencia artificial.



