La psicología de las confesiones falsas y el legado de Gísli Guðjónsson

1. Introducción: el derrumbe de la probatio probatissima
Durante siglos, la confesión ocupó la cúspide de la jerarquía probatoria en el proceso penal. El derecho canónico medieval la designó como la probatio probatissima, la prueba de las pruebas, y esa condición sobrevivió intacta a la codificación moderna. El supuesto que la sostenía es de sentido común: una persona inocente, en pleno uso de sus facultades, no admite la autoría de un delito grave que no ha cometido. Los juicios de Salem de 1692, en los que decenas de acusados confesaron brujería, deberían haber bastado para ponerlo en duda, pero durante casi tres siglos se leyeron como un episodio de histeria colectiva sin implicaciones para la teoría de la prueba.
El desmentido empírico llegó con las pruebas de ADN. Al revisar sistemáticamente las condenas anuladas mediante análisis genético en Estados Unidos, Drizin y Leo (2004) documentaron un patrón que el sistema no esperaba: un número considerable de personas fácticamente inocentes había confesado. Los datos que publica el Innocence Project sitúan hoy esa proporción en torno al 29 % de las exoneraciones por ADN, con matices metodológicos según se computen confesiones propiamente dichas, declaraciones autoinculpatorias o admisiones de culpabilidad (Innocence Project). La cifra es discutible en su borde exacto; el fenómeno no lo es.
La transformación de este hallazgo en una disciplina capaz de medir, predecir y explicar por qué los inocentes confiesan se debe en buena medida al trabajo del profesor Gísli Hannes Guðjónsson. A lo largo de cuatro décadas de investigación, práctica clínica y peritaje judicial, desarrolló los instrumentos psicométricos que permitieron llevar la vulnerabilidad interrogativa a los tribunales y contribuyó de forma decisiva a que el derecho probatorio inglés admitiera que la fragilidad de una confesión puede evaluarse científicamente.
Este artículo expone su trayectoria, sus modelos teóricos, sus aportaciones psicométricas y su intervención en los casos que reformaron la justicia penal británica: Confait, los Cuatro de Guildford, los Seis de Birmingham, los Tres de Tottenham, los Tres de Cardiff, el caso Stagg y el caso islandés de Guðmundur y Geirfinnur. Se abordan también, en un apartado propio, las limitaciones reconocidas de este programa de investigación, porque un balance que solo enumere aciertos no es un balance.
2. Biografía y evolución profesional
Gísli Hannes Guðjónsson nació en Reikiavik el 26 de octubre de 1947. Antes de dedicarse a la psicología trabajó como detective de la policía de investigación criminal en su ciudad natal, una experiencia formativa que le proporcionó conocimiento directo de la cultura del interrogatorio, de las dinámicas de presión en custodia y de las tácticas presuntivas de culpabilidad. Esa doble perspectiva —la del investigador y la del clínico— es un rasgo poco común y explica parte de la eficacia posterior de su trabajo pericial.
Se trasladó al Reino Unido con la intención inicial de aprender inglés y estudiar economía, y se matriculó en la Universidad de Brunel. Durante la carrera reorientó su formación hacia la psicología, disciplina en la que se licenció (BSc) en Brunel. Completó después un máster (MSc) y un doctorado (PhD) en la Universidad de Surrey, este último a comienzos de la década de 1980.
Desarrolló la mayor parte de su carrera clínica y académica en el Reino Unido. Hasta su retirada de la práctica clínica directa en enero de 2012 fue jefe de los Servicios de Psicología Forense y de la Unidad de Seguridad Media del South London and Maudsley NHS Trust, y psicólogo clínico y forense consultor honorario en el Hospital Broadmoor. En el plano académico es profesor emérito de Psicología Forense en el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres, y mantiene una vinculación como profesor en el Departamento de Psicología de la Universidad de Reikiavik.
Su producción científica es extensa y ha sido reconocida con distinciones de primer orden: doctorado honorífico en Medicina por la Universidad de Islandia (2001), Premio a la Trayectoria de la British Psychological Society (2009), galardón equivalente de la European Association of Psychology and Law (2012) y el nombramiento como Comendador de la Orden del Imperio Británico (CBE) en 2011 por sus servicios a la psicología clínica. Fue además coeditor jefe de la revista Personality and Individual Differences durante años, un dato relevante porque explica en parte la vía por la que sus escalas se difundieron en la literatura psicométrica internacional.
3. Fundamentos teóricos: la anatomía de la confesión falsa
3.1. Del prejuicio psiquiátrico al modelo situacional
Antes de la década de 1980, el estudio de las confesiones falsas era un territorio anecdótico. Münsterberg (1908) había esbozado observaciones tempranas sobre las confesiones erróneas, pero la dogmática jurídica y psiquiátrica dominante asumía que quien confesaba un delito atroz no cometido padecía una patología psicótica grave, una discapacidad intelectual profunda, o bien actuaba deliberadamente para encubrir al verdadero culpable.
Guðjónsson y MacKeith presentaron en septiembre de 1981, en una conferencia internacional celebrada en Estocolmo, un trabajo basado en casos reales que cuestionaba ese supuesto. La reacción del auditorio fue escéptica: sin trastorno mental grave, la audiencia no consideraba plausible una confesión falsa. Ese escepticismo persistió en el establishment jurídico inglés hasta la liberación de los Cuatro de Guildford en 1989 (Gudjonsson, 2021). La contribución teórica del trabajo posterior consistió en demostrar que individuos con perfiles psicológicos dentro del rango normal, o con vulnerabilidades sutiles no patológicas, pueden ser inducidos a confesar falsamente por la interacción entre fragilidades personales y condiciones situacionales de presión (Gudjonsson, 1992, 2003, 2018).
3.2. La taxonomía y su revisión terminológica
La clasificación tripartita de las confesiones falsas fue formulada originalmente por Kassin y Wrightsman (1985), que distinguieron los tipos voluntary, coerced-compliant y coerced-internalized. Guðjónsson la adoptó, la desarrolló clínicamente y la convirtió en el instrumento de trabajo estándar de la evaluación forense. Pese a las críticas y refinamientos propuestos —entre ellos los de Ofshe y Leo (1997)—, la estructura de tres tipos ha resistido el paso del tiempo (Gudjonsson, 2018).
Un punto que suele pasarse por alto: en su obra de 2018 Guðjónsson revisó su propia nomenclatura y sustituyó el prefijo coerced por pressured, hablando de confesiones pressured-compliant y pressured-internalized. La razón es conceptualmente importante: «coerción» es una categoría jurídica con consecuencias procesales precisas, y el psicólogo que la emplea como descripción clínica invade una calificación que corresponde al tribunal. La terminología actual es, por tanto, más cauta y más correcta epistemológicamente.
Tipo voluntario
Confesiones ofrecidas a las autoridades sin inducción, presión ni interrogatorio previo. Entre sus motivaciones se describen el deseo de notoriedad, una necesidad de expiación por transgresiones reales o imaginarias, la incapacidad de distinguir fantasía y realidad asociada a trastornos psiquiátricos mayores, y el propósito instrumental de proteger al verdadero autor, con frecuencia un allegado (Gudjonsson, 2003).
Tipo complaciente por presión
El sujeto mantiene intacta la conciencia de su inocencia, pero cede ante la presión del interrogatorio tras un cálculo de costes y beneficios distorsionado por el estrés: los beneficios inmediatos de capitular —terminar el aislamiento, detener la hostilidad, poder dormir, aprovechar una promesa de clemencia— se perciben como superiores a los costes futuros y abstractos de una condena. Ofshe y Leo (1997) analizaron esta dinámica precisamente como una elección racional en condiciones irracionales.
Tipo internalizado por presión
El sospechoso genuinamente inocente, sometido a un interrogatorio persuasivo y a información falsa sobre supuestas pruebas, deja de confiar en su propia memoria e integra la narrativa policial hasta creer que pudo cometer el delito. Con frecuencia confabula para rellenar las lagunas, atribuyendo la ausencia de recuerdo al trauma, al alcohol, a las drogas o a un estado disociativo. Kassin y Kiechel (1996) obtuvieron una demostración experimental temprana de este mecanismo en laboratorio.
3.3. El modelo Guðjónsson-Clark
El sustrato teórico de las escalas es el modelo socio-psicológico de la sugestionabilidad interrogativa formulado por Gudjonsson y Clark (1986). Su tesis central es que la sugestionabilidad no es un rasgo aislado sino el producto de tres elementos en interacción: la incertidumbre del sujeto acerca de sus propios recuerdos, la confianza interpersonal que deposita en el entrevistador y las expectativas que atribuye a lo que se espera de él. Cuando la incertidumbre es alta, la confianza en el interrogador se mantiene y el sujeto cree que debe producir respuestas, la sugestión opera con eficacia. El modelo predice, además, que la retroalimentación negativa incrementa la vulnerabilidad, y de esa predicción nace el diseño de la escala.
3.4. El síndrome de desconfianza en la memoria y su modelo de cinco etapas
Guðjónsson y MacKeith (1982) acuñaron el término memory distrust syndrome para describir una condición en la que el individuo desarrolla una desconfianza profunda hacia sus propios recuerdos y se vuelve dependiente de claves externas para reconstruir lo ocurrido. La condición puede ser situacional y aguda o presentarse como rasgo crónico. Guðjónsson (2003) distinguió dos presentaciones típicas: la del sospechoso que carece de recuerdo del período relevante por amnesia o consumo de alcohol, y la del sospechoso que conserva el recuerdo pero pierde la confianza en su fiabilidad.
Conviene precisar el estatuto de la etiqueta. Lo que diferencia el síndrome de la simple desconfianza en la memoria —experiencia común y no patológica— es la intensidad y el efecto: la incapacidad de ofrecer declaraciones fiables durante el interrogatorio (Gudjonsson, 2018). No es una categoría diagnóstica reconocida en las clasificaciones internacionales, sino un constructo clínico descriptivo, y así debe presentarse en sede pericial.
El modelo secuencial de cinco etapas que suele citarse no procede del trabajo de 1982, sino de Gudjonsson, Sigurdsson, Sigurdardottir, Steinthorsson y Sigurdardottir (2014), que lo derivaron del análisis en profundidad de los dos casos islandeses. Guðjónsson (2017) lo revisó posteriormente en relación con la confabulación. Las etapas son las siguientes:
Detonante. Un acontecimiento desestabilizador —una detención, el aislamiento, un interrogatorio acusatorio, preguntas capciosas o la afirmación de que existen pruebas incriminatorias— socava la confianza del sospechoso en su memoria.
Plausibilidad. En estado de fatiga, ansiedad y confusión, el sujeto empieza a considerar posible haber cometido el delito sin recordarlo, con frecuencia apoyándose en explicaciones que le facilitan los propios interrogadores.
Aceptación. Se abandona la «heurística de distintividad», esto es, la creencia de que un acto tan singular se recordaría necesariamente, y se acepta la narrativa externa.
Reconstrucción de la memoria. El sujeto intenta dar sentido a la nueva creencia y confabula secuencias del hecho. El proceso se ve facilitado por la información que la policía introduce mediante preguntas descriptivas, fotografías o visitas al lugar.
Resolución. La creencia inducida es habitualmente frágil. Retirado el sujeto del entorno hostil, permitido el descanso y disipado el estrés agudo, recupera la confianza en su memoria original y se retracta. En casos de aislamiento prolongado o vulnerabilidad cognitiva marcada, la creencia puede persistir mucho más tiempo.
3.5. Las tres vías de error sistémico
El modelo de las tres vías secuenciales de error —clasificación errónea, coacción y contaminación— es una aportación de Leo y Drizin (2010), no de Guðjónsson, aunque se apoya en el mismo corpus empírico y suele exponerse conjuntamente con su obra. La atribución importa porque describe el comportamiento institucional, mientras que las escalas describen al sujeto; ambos planos son complementarios y de autoría distinta.
La clasificación errónea se produce cuando los investigadores identifican como autor a una persona inocente. La focalización suele derivar de sesgos cognitivos, visión de túnel y confianza injustificada en la capacidad de detectar el engaño mediante la observación conductual, una habilidad cuya validez la investigación experimental no respalda.
La coacción aparece cuando, fijado el objetivo y en ausencia de prueba física, se emplean tácticas de presión: aislamiento prolongado, maximización del miedo a las consecuencias de no cooperar, minimización moral de la culpa y promesas implícitas de indulgencia. Kassin, Drizin, Grisso, Gudjonsson, Leo y Redlich (2010) sistematizaron estos factores de riesgo en el documento de consenso que sigue siendo la referencia de la disciplina.
La contaminación es la fase decisiva. Una confesión falsa desprovista de detalle rara vez convence a un jurado; adquiere fuerza probatoria cuando incorpora «conocimiento especial» del hecho. Garrett (2010) examinó el contenido literal de las confesiones en casos exonerados por ADN y encontró que en la gran proporción de ellos —alrededor de nueve de cada diez— los detalles precisos que la acusación presentó como prueba de veracidad habían sido introducidos, deliberadamente o no, por los propios investigadores.
4. La innovación psicométrica: sugestionabilidad y cumplimiento
El problema que Guðjónsson resolvió fue de medición. Los tribunales asumían tradicionalmente que un jurado podía apreciar la vulnerabilidad de un acusado observando su comportamiento en el estrado. Guðjónsson sostuvo que la sugestionabilidad interrogativa es un constructo latente que no se infiere de la apariencia ni depende linealmente del cociente intelectual, y que requiere instrumentos estandarizados y replicables (Gudjonsson, 1983, 2010).
4.1. Las Escalas de Sugestionabilidad de Gudjonsson (GSS)
La GSS 1 se publicó en Gudjonsson (1984); la forma paralela GSS 2, con una narrativa de menor complejidad y particularmente útil con población infantil y adolescente, en Gudjonsson (1987). El manual de estandarización apareció en 1997 (Gudjonsson, 1997).
La prueba se presenta al sujeto como un test de memoria verbal, lo que reduce las respuestas defensivas. El protocolo consta de cinco fases:
Fase 1. Se lee una narrativa breve que contiene cuarenta elementos de información verificables y se solicita recuerdo libre inmediato.
Fase 2. Tras un intervalo de distracción de aproximadamente cincuenta minutos, se solicita de nuevo el recuerdo libre, lo que permite evaluar el decaimiento mnémico y la aparición espontánea de confabulaciones.
Fase 3. Se formulan veinte preguntas cerradas, quince de ellas capciosas —introducen elementos inexistentes en la narrativa— y cinco neutrales de control. El número de premisas falsas aceptadas constituye la puntuación Yield 1.
Fase 4. El evaluador abandona la neutralidad y comunica en tono firme que se han cometido errores y que es necesario repasar las preguntas con mayor precisión. Esta retroalimentación negativa simula la invalidación interpersonal característica del interrogatorio.
Fase 5. Se repiten las veinte preguntas. Se obtiene Yield 2 —premisas falsas aceptadas tras la presión— y Shift, la frecuencia con que el sujeto modifica su respuesta anterior, correcta o incorrecta. El Shift aísla la labilidad ante la presión interpersonal.
La suma de Yield 1 y Shift constituye la Sugestionabilidad Total. El análisis factorial confirma que Yield y Shift cargan en factores distintos, lo que respalda la existencia de dos tipos básicos de sugestionabilidad interrogativa (Gudjonsson, 1984, 1987). El manual documenta consistencia interna satisfactoria y fiabilidad interevaluador elevada (Gudjonsson, 1997); quien necesite los coeficientes exactos debe consultarlo directamente, y no reproducir cifras de segunda mano.
Las aplicaciones periciales han revelado hallazgos de interés. Los adolescentes no necesariamente ceden más que los adultos ante las preguntas capciosas iniciales, pero sus puntuaciones de Shift se elevan de forma marcada bajo retroalimentación negativa, lo que apunta a una vulnerabilidad específica frente a figuras de autoridad adulta. La privación de sueño, la sintomatología de TDAH, los trastornos de ansiedad y los estados de abstinencia se asocian igualmente a puntuaciones altas (Gudjonsson, 2003, 2018).
4.2. La Escala de Cumplimiento de Gudjonsson (GCS)
Guðjónsson diferenció pronto la sugestionabilidad —alteración de la creencia privada, que llega a aceptar el mensaje falso como verdadero— del cumplimiento o sumisión, en el que la creencia privada permanece intacta y el sujeto obedece instrumentalmente para evitar un perjuicio o obtener un beneficio inmediato.
La GCS (Gudjonsson, 1989) es un autoinforme de veinte enunciados de verdadero o falso, con aplicación específica a situaciones de confesión retractada. Evalúa la tendencia a evitar el conflicto, el deseo de complacer, la propensión a ceder ante figuras percibidas como superiores y la aprensión ante la confrontación. Un dato relevante para el peritaje es que el cumplimiento no correlaciona significativamente con el cociente intelectual: mide personalidad, no capacidad cognitiva.
En contexto forense, la conjunción de inteligencia verbal baja, sugestionabilidad total elevada y cumplimiento alto configura el perfil de mayor riesgo de confesión falsa bajo presión (Gudjonsson, 2003). Sigurdsson y Guðjónsson (1996) documentaron el perfil psicológico de quienes declaraban haber confesado falsamente entre internos y menores infractores islandeses, y Guðjónsson y Pearse (2011) resumieron el estado de la cuestión sobre la relación entre estas medidas y la conducta real en el interrogatorio.
4.3. Límites y críticas: lo que las escalas no miden
Un tratamiento honesto de esta obra debe recoger sus objeciones, que el propio autor ha reconocido. La principal es de validez ecológica: la GSS mide la respuesta a una tarea de memoria narrativa administrada por un evaluador neutral en un entorno clínico, no la respuesta a un interrogatorio policial real con riesgo penal, privación de libertad y presión sostenida durante horas. La transferencia entre ambos contextos es una inferencia, no una medición directa.
En segundo lugar, la relación entre puntuaciones altas y confesión falsa efectiva es probabilística y de magnitud moderada. Una revisión de la literatura experimental y de campo concluye que la asociación existe pero es más débil de lo que a veces se presume en sede judicial, y que la disputa entre peritos sobre este punto es real y no meramente retórica (véase la síntesis de Gudjonsson, 2021, y la literatura allí revisada). Un perito que presente la puntuación de un acusado como prueba de que su confesión fue falsa excede lo que el instrumento autoriza.
En tercer lugar, la evidencia sobre el síndrome de desconfianza en la memoria procede de forma predominante de estudios de caso y de análisis retrospectivos, con apoyo experimental parcial (Gudjonsson, 2017). Es un constructo útil y probablemente correcto, no un hallazgo con la solidez de un efecto replicado en condiciones controladas.
Nada de esto invalida el programa. Lo delimita, y esa delimitación es precisamente lo que distingue un peritaje defendible de una extrapolación.
5. Intervenciones periciales y errores judiciales
5.1. El catalizador: el caso Maxwell Confait (1972)
El 21 de abril de 1972, Maxwell Confait fue hallado muerto por estrangulamiento en su habitación de Doggett Road, en Catford, en el sur de Londres, y la vivienda fue incendiada. Tres adolescentes de la zona —Colin Lattimore, de 18 años y con dificultades intelectuales graves, Ronald Leighton, de 15, y Ahmet Salih, de 14— fueron interrogados sin la presencia de sus padres, de un abogado ni de lo que hoy se denominaría un adulto apropiado, y firmaron confesiones. El 24 de noviembre de 1972 fueron condenados: Leighton por asesinato, Lattimore por homicidio con responsabilidad disminuida y los tres por incendio (The National Archives).
Las condenas fueron anuladas por el Tribunal de Apelación el 17 de octubre de 1975, después de que la reevaluación de la prueba pericial médica situara la hora de la muerte en un momento incompatible con la cronología de las confesiones y con las coartadas de los acusados.
Aquí es necesario corregir una versión muy difundida del episodio. La Investigación Fisher, cuyo informe se presentó en diciembre de 1977 (Fisher, 1977), no atribuyó la confesión falsa a la vulnerabilidad de los jóvenes. Hizo algo distinto y más grave: criticó el interrogatorio sin presencia de los padres y determinadas infracciones de las Reglas de los Jueces, pero rechazó las alegaciones de agresión policial y concluyó, sobre el balance de probabilidades, que las confesiones relativas al incendio eran verdaderas y que tanto Leighton como Salih habían intervenido en la muerte (Hansard, 13 de diciembre de 1977; respuesta parlamentaria de 4 de agosto de 1980).
Fue esa conclusión —un tribunal que anula unas condenas y una investigación oficial que a continuación sostiene que los hechos confesados probablemente ocurrieron— la que definió el problema al que Guðjónsson dedicaría su carrera. La lección que extrajo fue de método: mientras la palabra de un agente goce de presunción de veracidad y la alegación de coacción se lea como táctica defensiva, la única vía para reequilibrar la prueba es la grabación íntegra e inalterable del interrogatorio, complementada con evaluaciones psicológicas objetivas que muestren cómo variables medibles interactúan con el entorno de custodia (Gudjonsson, 2003, 2018).
5.2. Los Cuatro de Guildford (1974-1989)
El 5 de octubre de 1974, sendas bombas del IRA Provisional estallaron en dos pubs de Guildford y causaron cinco muertos, cuatro de ellos militares. Paul Hill, Gerry Conlon, Patrick Armstrong y Carole Richardson fueron condenados a cadena perpetua en 1975 sobre la base, esencialmente, de sus confesiones (BBC News).
Carole Richardson, de 17 años y sin vinculación paramilitar, fue sometida a interrogatorios prolongados y a privación de sueño. El agotamiento y el pánico bloquearon su capacidad de reconstruir sus movimientos y de aportar la coartada real de que disponía; la policía interpretó ese bloqueo como engaño e intensificó la presión hasta obtener confesiones mutuamente contradictorias. Durante la campaña de apelación de los años ochenta, los informes psicológicos y psiquiátricos de Guðjónsson y MacKeith documentaron su vulnerabilidad y contribuyeron a que el caso volviera a la vía de revisión.
Es importante, sin embargo, precisar el fundamento de la anulación, que a menudo se le atribuye indebidamente a la prueba psicológica. El Tribunal de Apelación anuló las condenas el 19 de octubre de 1989 porque una investigación de la policía de Avon y Somerset había descubierto que los agentes de Surrey manipularon las notas de las entrevistas: el Lord Chief Justice concluyó que la policía había mentido y que, en consecuencia, toda la prueba quedaba comprometida (The Justice Gap; Hansard, 19 de octubre de 1989; BBC News).
La aportación de Guðjónsson en este caso fue por tanto real pero indirecta: contribuyó a mantener vivo el escrutinio y a hacer pensable la hipótesis de la confesión falsa en un entorno judicial que la rechazaba de plano. Como él mismo señala, el escepticismo del establishment jurídico inglés no se quebró hasta esta liberación (Gudjonsson, 2021). No fue una victoria de la psicometría en el estrado; fue el momento en que la psicometría dejó de ser inaudible.
5.3. Los Seis de Birmingham: la evidencia de los rasgos estables
El 21 de noviembre de 1974, dos explosiones en pubs de Birmingham causaron veintiún muertos. Seis hombres irlandeses fueron detenidos y condenados en 1975. Cuatro de ellos firmaron confesiones tras interrogatorios con malos tratos; dos —Paddy Joe Hill y Gerard Hunter— se negaron a hacerlo pese a someterse a la misma hostilidad.
La prueba forense que acompañó a las confesiones fue la denominada prueba de Griess, aplicada por el científico Frank Skuse, que dio positivo para nitroglicerina en las manos de dos de los detenidos. La contaminación no procedía del jabón, como a veces se repite, sino de la nitrocelulosa: un experto del Home Office declaró en el juicio que objetos cotidianos como los paquetes de cigarrillos o las cartas de juego podían producir un positivo, y su testimonio fue desechado (The Conversation; Universidad de Aberystwyth). Los seis habían jugado a las cartas durante horas en el tren, y las cartas estaban recubiertas de nitrocelulosa. En 1991 el Tribunal de Apelación declaró que la conclusión de Skuse era errónea y demostrablemente errónea incluso a la luz del estado de la ciencia forense en 1974.
Trece años después de la reclusión, y a instancias del equipo de defensa, Guðjónsson administró la GSS y la GCS a los seis internos. Los resultados constituyeron una validación notable del modelo: dos de los que habían confesado obtuvieron puntuaciones muy altas en sugestionabilidad y cumplimiento, otros dos se situaron en el rango medio de la población general, y los dos que registraron las puntuaciones más bajas fueron exactamente los dos que en 1974 se habían negado a firmar. Su testimonio sostuvo que se trataba de dimensiones de personalidad estables en el tiempo, capaces de explicar respuestas asimétricas ante una presión coercitiva uniforme (Gudjonsson, 2003; Kassin y Gudjonsson, 2004). Las condenas fueron anuladas en marzo de 1991.
Corresponde matizar el alcance del hallazgo. La convergencia entre puntuaciones y conducta pasada es impresionante, pero se trata de seis sujetos evaluados retrospectivamente, y el propio efecto del encarcelamiento prolongado sobre las puntuaciones no puede descartarse. El valor del caso es demostrativo más que estadístico.
5.4. Los Tres de Tottenham: la revolución en la admisibilidad de la prueba pericial
En octubre de 1985, durante los disturbios de la urbanización Broadwater Farm de Tottenham, el agente Keith Blakelock fue asesinado a puñaladas. Winston Silcott, Mark Braithwaite y Engin Raghip fueron condenados a cadena perpetua en marzo de 1987.
Raghip, de 19 años, presentaba analfabetismo funcional, dificultades de aprendizaje documentadas y, según la prueba presentada en apelación, una edad mental equivalente a diez u once años y una sugestionabilidad muy elevada (Evidence Based Justice Lab, Universidad de Exeter). Sometido a múltiples entrevistas, produjo declaraciones autoinculpatorias inconsistentes, entre ellas la afirmación de haber golpeado al agente con una barra de hierro; la autopsia no halló lesiones contusas compatibles.
La relevancia jurídica del caso reside en la doctrina anterior. Los tribunales ingleses venían admitiendo el testimonio pericial de un psicólogo sobre la fiabilidad de una confesión solo si el acusado padecía un trastorno mental formalmente diagnosticable; si su inteligencia se situaba en el rango bajo de la normalidad, se presumía que el jurado podía juzgar por sí mismo, con su experiencia cotidiana, si el acusado era sugestionable o simplemente mentía.
El Tribunal de Apelación (Sala de lo Penal) —no la Cámara de los Lores, como en ocasiones se afirma— celebró la vista el 25 de noviembre de 1991, anuló las tres condenas en noventa minutos y publicó su resolución de setenta y cuatro páginas el 5 de diciembre (Statewatch; reconstrucción documental del caso). La sentencia estableció que la vulnerabilidad psicológica, el intelecto bajo y la sugestionabilidad elevada, en ausencia de enfermedad mental clasificada, constituyen fundamento válido para la admisión de prueba pericial psicológica. Es el precedente que abrió la puerta a la práctica pericial contemporánea en el Reino Unido (Gudjonsson, 2003; Gudjonsson y Pearse, 2011).
Debe añadirse, para exactitud, que la anulación no descansó únicamente en la prueba psicológica. La prueba de electrostática documental (ESDA) reveló que las notas de la entrevista en la que Silcott se autoinculpaba habían sido alteradas, y la propia acusación reconoció ante el tribunal que, conocida la aparente deshonestidad del agente responsable, no habría sostenido el procedimiento contra ninguno de los acusados. La aportación psicológica fue decisiva para la doctrina; no fue la única causa del resultado.
5.5. Los Tres de Cardiff: el análisis de la entrevista opresiva
En febrero de 1988, Lynette White fue asesinada en Cardiff. La investigación se centró en cinco hombres locales sobre la base de testimonios de coimputados inducidos por la policía; tres fueron condenados a cadena perpetua, con las grabaciones de las confesiones de Stephen Miller como pilar probatorio. Miller presentaba una capacidad intelectual limitada, con una edad mental estimada en once años.
El análisis de las cintas realizado por Guðjónsson documentó la mecánica del interrogatorio previo a la reforma con un nivel de detalle sin precedentes. Miller fue sometido a diecinueve entrevistas a lo largo de varios días, con un total aproximado de trece horas de interrogatorio, y durante las fases iniciales se le denegó el acceso a asistencia letrada. Negó su participación más de trescientas veces antes de ceder.
El desglose de la grabación conocida como «cinta 7» mostró la coreografía de la técnica del policía hostil y el policía comprensivo. Un agente acusaba a Miller de mentir de forma reiterada, escalando la ansiedad y proponiendo una narrativa concreta: no recordaba el crimen porque estaba bajo los efectos de las drogas. Cuando Miller aceptaba la posibilidad de haber estado presente con la memoria fallida —la inducción del síndrome de desconfianza en la memoria en tiempo real—, el agente hostil se retiraba y el segundo intervenía con tono tranquilizador, aportando los detalles requeridos e insinuando indulgencia.
En diciembre de 1992, el Tribunal de Apelación resolvió que los métodos documentados no constituían entrevistas enérgicas sino interrogatorios opresivos, y anuló las condenas. Once años más tarde, en 2003, el análisis de ADN identificó al autor real, Jeffrey Gafoor, que actuó solo. El caso es probablemente el mejor ejemplo disponible de las tres vías de error operando en secuencia: clasificación errónea, coacción y contaminación (Leo y Drizin, 2010).
5.6. El caso Colin Stagg y los límites del perfilamiento
En julio de 1992, Rachel Nickell fue asesinada a puñaladas y agredida sexualmente en Wimbledon Common, en presencia de su hijo de dos años. Ante la ausencia de ADN, testigos o indicios utilizables, la Policía Metropolitana recurrió al psicólogo criminal Paul Britton, que elaboró un perfil del agresor. Los investigadores encajaron en ese perfil a Colin Stagg, un vecino solitario.
Siguió la denominada Operación Edzell: una agente encubierta intentó durante meses obtener una admisión mediante cartas, llamadas y encuentros, ofreciendo afecto e intimidad a cambio de que Stagg reconociera el crimen y le animara a asumir las fantasías violentas atribuidas en el perfil. Stagg no confesó. Fue detenido de todos modos. En septiembre de 1994, el juez Ognall desestimó el caso y describió la operación como un engaño de la peor especie. En 2008, Robert Napper —descartado años antes porque no se ajustaba al perfil— admitió el homicidio por responsabilidad disminuida y fue internado en Broadmoor.
La crítica que este episodio suscitó en la psicología forense académica, y que Guðjónsson ha suscrito, distingue con nitidez dos prácticas. La psicología forense empírica trabaja con vulnerabilidades medibles y enunciados probabilísticos; el perfilamiento presuntivo produce un retrato que la investigación policial tiende a leer en clave binaria de culpabilidad o inocencia. Convertido en presunción, invierte la carga de la prueba: obliga al sospechoso a refutar una construcción estadística. La lección metodológica coincide con la de la investigación sobre detección del engaño: la confianza subjetiva del investigador no es un indicador de exactitud (Kassin y Gudjonsson, 2004).
5.7. El caso islandés de Guðmundur y Geirfinnur
Guðmundur Einarsson y Geirfinnur Einarsson —sin relación entre sí, pese al apellido— desaparecieron en Islandia en enero y noviembre de 1974 respectivamente. Nunca se hallaron sus cuerpos, ni un arma, ni una escena del crimen. Bajo una intensa presión pública, la policía detuvo a un grupo de jóvenes marginados: Sævar Marinó Ciesielski, Erla Bolladóttir, Kristján Viðar Viðarsson, Tryggvi Rúnar Leifsson, Guðjón Skarphéðinsson y Albert Klahn Skaftason. Seis personas fueron condenadas en 1980 sobre la base de confesiones que después se retractaron íntegramente.
Las condiciones de la instrucción incluyeron privación de sueño, administración de medicación, inducción de culpa y aislamiento prolongado: Sævar superó los seiscientos días en régimen de incomunicación y Erla los doscientos cuarenta. Incapaces de conciliar los relatos, las autoridades recurrieron al investigador alemán retirado Karl Schütz, que empleó una técnica de interrogatorio deliberadamente desordenada, formulando preguntas fuera de secuencia cronológica para desorientar al sospechoso.
El análisis de Guðjónsson, aportado al grupo de trabajo oficial y a la comisión islandesa de revisión de casos, documentó la inducción del síndrome de desconfianza en la memoria a escala colectiva. De los seis condenados, cinco presentaban indicios de desconfianza profunda en su memoria respecto de los hechos, y los factores clave identificados fueron el interrogatorio coercitivo, el aislamiento prolongado, la contaminación, las vulnerabilidades psicológicas de estado y de rasgo, y la ausencia de apoyo independiente durante el interrogatorio (Gudjonsson et al., 2014). La evaluación de Sævar concluyó que padecía un TDAH no diagnosticado; el aislamiento y la disfunción ejecutiva amplificaron su sugestionabilidad hasta llevarle a producir relatos incriminatorios cambiantes. Los diarios que Tryggvi Rúnar Leifsson escribió en aislamiento permitieron documentar la instauración del proceso paso a paso.
El 27 de septiembre de 2018, el Tribunal Supremo de Islandia absolvió a los cinco hombres (Iceland Monitor; Iceland Review). Debe subrayarse un punto que suele omitirse: la absolución no alcanzó a Erla Bolladóttir. La comisión de revisión rechazó su solicitud de reapertura, dado que su condena era por perjurio —había implicado falsamente a cuatro hombres, entre ellos su hermanastro— y no por homicidio. En septiembre de 2022 un tribunal volvió a denegarle un nuevo juicio (Iceland Review). El Estado islandés le reconoció posteriormente una indemnización y una disculpa formal por la prisión provisional sufrida, pero la condena sigue en vigor. Es el recordatorio más claro de que la reparación de un error judicial rara vez es completa.
6. De la coacción a la ciencia policial: PACE y PEACE
6.1. La cronología real de la reforma
Conviene establecer la secuencia con precisión, porque circula una versión anacrónica según la cual los escándalos de Guildford y Birmingham provocaron la reforma legislativa. No pudieron hacerlo: esas anulaciones se produjeron en 1989 y 1991, años después de que la ley estuviera en vigor.
La cadena causal real parte de Confait. Los agentes ingleses y galeses operaban hasta entonces bajo las Reglas de los Jueces de 1912, directrices sin fuerza estatutaria ni mecanismo de sanción. La anulación de las condenas en 1975 y el Informe Fisher de 1977 (Fisher, 1977) dejaron al descubierto la ausencia de salvaguardas en la comisaría. El Gobierno constituyó la Comisión Real de Procedimiento Penal, que trabajó desde 1978 y publicó su informe en 1981 (Royal Commission on Criminal Procedure, 1981). De ese informe nació la Ley de Policía y Pruebas Penales de 1984 —Police and Criminal Evidence Act—, que entró en vigor en enero de 1986.
Guildford y Birmingham fueron, por tanto, consecuencias de la era anterior a PACE que solo se corrigieron después, y su función histórica fue distinta: demostrar retrospectivamente que las prácticas que la ley acababa de prohibir habían producido condenas erróneas masivas, y romper el escepticismo judicial hacia la prueba psicológica.
6.2. Las salvaguardas de PACE
La ley y sus Códigos de Práctica introdujeron un conjunto de garantías que la literatura psicológica había reclamado:
Registro y control de la custodia. Se crea la figura del oficial de custodia, independiente de la investigación, y el registro de custodia, con plazos de revisión de la detención y límites temporales explícitos.
Derecho a asistencia letrada. Se establece el derecho del detenido a consultar a un abogado de forma privada y a que esté presente durante la entrevista.
Sistema del adulto apropiado (Código C). Cuando existe sospecha de que el detenido es menor de edad o presenta un trastorno o vulnerabilidad mental, el interrogatorio debe interrumpirse hasta la presencia de un adulto apropiado, independiente de la policía, cuya función es asesorar al detenido, facilitar la comunicación y velar por que la entrevista no se torne opresiva. Es la primera salvaguarda legal dirigida específicamente a la sugestionabilidad excesiva en poblaciones vulnerables, aunque su aplicación práctica presenta tensiones documentadas (Gudjonsson, 2010).
Auditoría electrónica. La grabación de las entrevistas es la garantía que más transformó la práctica, porque eliminó el verballing —la atribución de confesiones orales sin registro— y permitió por primera vez el análisis externo de la secuencia coercitiva, como demostró el propio caso de Cardiff. Debe precisarse que la ley de 1984 creó el marco, pero la grabación en audio no fue obligatoria en toda Inglaterra y Gales hasta 1991-1992, tras un período de pilotaje, y la grabación en vídeo se reguló con posterioridad. Atribuir la obligación directamente al texto de 1984 es un error frecuente.
6.3. Del interrogatorio acusatorio a la entrevista investigativa: el modelo PEACE
La segunda transformación fue conceptual: la sustitución del interrogatorio orientado a obtener una confesión por la entrevista orientada a obtener información. La policía de Inglaterra y Gales adoptó a partir de 1992 el modelo PEACE, desarrollado conjuntamente por profesionales policiales y psicólogos. Es importante no atribuir su autoría a Guðjónsson: su obra fue una condición de posibilidad y una fuente de legitimación científica, no el origen del modelo.
Las cinco fases del modelo son las siguientes. Preparation and planning obliga a diseñar una estrategia de prueba antes del encuentro, lo que elimina los abordajes hostiles improvisados. Engage and explain establece una relación profesional no manipuladora y explica al detenido el procedimiento y sus derechos, reduciendo la ansiedad que puede precipitar la desconfianza en la propia memoria.
La fase Account and clarification sustituye la acusación por preguntas abiertas de recogida de información, aceptando primero el relato libre y planteando después las aclaraciones sobre inconsistencias sin acusar de mentir ni emplear retroalimentación negativa. Closure cierra la entrevista asegurando la comprensión mutua y sin promesas ni amenazas. Por último, Evaluation contrasta la información obtenida con la prueba material disponible, en lugar de ajustar los hechos a la confesión.
La justificación empírica de este giro no es solo ética. El metaanálisis de Meissner, Redlich, Michael, Evans, Camilletti, Bhatt y Brandon (2014) comparó métodos acusatorios y métodos de recogida de información y concluyó que los primeros aumentan las confesiones falsas sin aumentar de forma comparable las verdaderas, mientras que los segundos mejoran el valor diagnóstico de la confesión. Es decir: el modelo ético es además el más eficaz, lo que desactiva la objeción habitual de que las salvaguardas obstaculizan la investigación.
La técnica Reid, dominante en Estados Unidos, opera sobre supuestos opuestos: confrontación directa, presunción de culpabilidad, minimización moral y negativa a aceptar las negaciones del sospechoso. La literatura de consenso identifica estos elementos como factores de riesgo de confesión falsa, en particular en sujetos con alta puntuación en Shift o en cumplimiento (Kassin et al., 2010; Leo, 2008).
6.4. Los Principios de Méndez
El modelo PEACE se ha adaptado en Australia, Nueva Zelanda, Noruega y otras jurisdicciones, y constituye el antecedente directo de los Principios sobre Entrevistas Efectivas para la Investigación y la Recopilación de Información, conocidos como Principios de Méndez por el antiguo relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura Juan E. Méndez, presentados en 2021. Su objetivo es sustituir globalmente el interrogatorio coercitivo por la entrevista no acusatoria, con fundamento tanto en el derecho internacional de los derechos humanos como en la evidencia psicológica acumulada.
7. Balance
El recorrido de Guðjónsson modificó tres cosas simultáneamente, y conviene separarlas para valorar cada una en su medida.
En el plano científico, convirtió una intuición clínica en un objeto medible. Antes de 1984 no existía forma de operacionalizar la sugestionabilidad interrogativa; después existieron dos escalas con propiedades psicométricas documentadas, un modelo teórico que explicaba su mecanismo y una taxonomía utilizable. Que hoy se discutan los límites de esos instrumentos es la mejor prueba de su consolidación: solo puede criticarse metodológicamente lo que se ha formulado con precisión suficiente.
En el plano jurídico, la sentencia de los Tres de Tottenham abrió la puerta a la prueba pericial psicológica sobre la fiabilidad de la confesión en ausencia de enfermedad mental diagnosticada. Es un cambio doctrinal cuyo alcance excede con mucho los casos individuales que lo motivaron.
En el plano institucional, su trabajo aportó el sustrato empírico de dos reformas —las salvaguardas de PACE y la entrevista PEACE— que otros diseñaron y aplicaron. Reconocer esa autoría compartida no reduce su contribución; la sitúa donde corresponde.
Queda una cuestión que la evidencia no cierra. La confesión sigue siendo la prueba de mayor poder persuasivo ante un jurado, y el conocimiento acumulado sobre su fragilidad no se ha traducido en una corrección proporcional de ese peso probatorio. Los factores de riesgo están identificados y las recomendaciones formuladas con claridad desde hace más de una década (Kassin et al., 2010); su implantación sigue siendo desigual entre jurisdicciones. El legado de esta obra no es, por tanto, un problema resuelto, sino un problema por fin correctamente planteado y dotado de instrumentos para abordarlo.
Referencias bibliográficas
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Texto redactado con ayuda de Inteligencia Artificial.


